31/10/23

Ouija

 La noche era tétrica. Quizá por eso Jerome nos había citado en aquel casería semiderruido. Era el momento de poner en marcha aquel experimento. Los cuatro hicimos un circulo y colocamos la Ouija delante. Jerome hizo una serie de aspavientos y nos instó a unir las manos encima del tablero. Un rayo cayó y todos recuperamos nuestras manos ocultándolas. Una mirada de Jerome nos hizo volver a colocarlas en su posición. Nadie quería quedar como gallina. 

Jerome entonces comenzó a preguntar. El chupito de whisky que teníamos bajo nuestros dedos no se movió un ápice, mientras nosotros manteníamos los ojos cerrados. Parecía que ningún espíritu estaba en casa. Jerome insistió: ¿Hay alguien ahí? ¿Como te llamas? 

Otro rayo cayó muy cerca. Abrimos los ojos cuando el vaso comenzó a moverse. J - E - R - O -M -E. 

¡Jerome! Gritamos a la vez. Todos excepto él que había sido alcanzado por el último rayo.   

11/10/23

Afán recopilatorio.

 Yo quería guardar en mis bolsillos todas las olas de aquel día. Llevarme en la mochila la arena de la playa, la palmera datilera y chiringuito azul. Envasar la brisa en el tarro de aceitunas y todo el sol que pudiese en aquel tupper de sandía. 

Yo quería guardar tu recuerdo en una cámara vieja y ahora... solo queda una foto arrugada que rescaté de tu papelera. 

9/10/23

23/9/23

Runmones.



 Otra vez la rodilla. Otra vez los pinchazos en el muslo. Otra vez un cambio de temperatura, una puta DANA o solo un mal paso con consecuencias. El caso es que tiene pinta de que voy a volver a tirar de bastón. Al principio me gustaba. Me veía mas distinguido, mas señorial. Muy en plan House con su mala leche y ganas de arrearle al imbécil de turno un golpe en la sesera. Ahora lo odio. Nunca le he metido a ningún gilipollas un bastonazo bien dado y la gente, ya, no ve House. Las comparaciones son con José Mota y imitaciones de agarrulados con vara. 

Puta rodilla. No sé cuando se jodió. Después de media vida jugando a baloncesto he echo bastantes méritos como para que me tenga fastidiado la otra media. ¡Pero coño! ¡Ahora que no juego! Pero tampoco paro. Las caminatas por la montaña, la bicicleta, esa manía de subir los tres pisos por las escaleras, los autobuses con asientos para pigmeos y, últimamente, el gimnasio. La mierda de gimnasio. ¿Quién me mandaría a mi? Jumping Jack, Lunge, Row, KB, Push up... he tenido que volver a estudiar inglés por que no me enteraba de nada al principio. Pero no dejan de ser ejercicios que te joden la vida, o al menos esa hora, por que hay que reconocer que el gym sirve para ver que la vida podía ser mucho peor si fuese todo el tiempo como esa maldita hora. 

Otro pinchazo en la rodilla. ¡Joder! Creo que solo ha dejado de fastidiarme cuando estoy en los bares. Ni si quiera en casa me deja tranquilo, pero en la calle, en los bares, ¡coño! ¡No hay rodilla! Debería irme siete horas seguidas al bar pero después... ¡Quien coño va a correr esta noche! Y es que no se que hago apuntándome a cosas que ni me van ni me vienen. Tendré que buscar una selección musical decente para aguantar los 10 km que tocan. 



29/8/23

Como le sienta

 


Se ha cortado la melena

y le sienta muy bien.

Y esos dos hijos 

que la acompañan por las tardes 

los lleva genial.

Su ex le cae al pelo 

en la distancia y 

mucho mejor 

los fines de semana alternos 

cuando vuelve a ser ella misma. 

Le sientan de vicio 

los cuarenta 

que no volverá a cumplir. 

Y una sonrisa sicaliptica 

estupenda entre las sábanas. 

Pero nada le sienta tan bien 

como mis camisas 

cuando desnuda 

sale de la cama.



21/8/23

Llamadas.

 Suena el teléfono. 

La pantalla se alumbra 

con una cara que parece infantil.

¡Los 22 lo desmienten!

Antes de contestar 

se pierde la alegría 

que anuncia la melodía. 

Me toca a mi marcar ahora. 

Conversaciones inconexas. 

Juegos, música, rap.

Algún cómic que nos une

ninguno de mis favoritos. 

Cambio el tercio. 

¿Qué tal las clases?

Y se oyen las dudas, 

la incomodidad. 

Algún reproche y

tengo que colgar me dice. 

Aún queda tiempo para 

un reproche mas. 

Un consejo que no llega. 

Que difícil es decir 

¡te quiero!

La preocupación queda 

en el aire. El móvil 

a oscuras. 

¡Puta manía de hacer de padre! 


29/7/23

51

Ayer empecé una entrada en el curro. Quería hablar de lo difícil que se me hace empezar a escribir. Ni la gracia divina ni las musas pueden con la pereza que me da ponerme, últimamente, frente al folio en blanco, o la pantalla. 

Ayer, la entrada, que iba a escribir, derivó en una descripción de varias mujeres que estaban en el curro. Pantalones cortos, escotes impresionantes, bikinis que dejaban el lateral del pecho en un vaivén hipnótico, aberturas de falda en piernas kilométricas... ¡El paraíso del voyeaur!


Ayer, también, fue mi cumpleaños. ¡Cincuenta y uno! Y se me hace raro. Por que en ninguna etapa de mi vida hubiese apostado por llegar a esa edad y, encima, hacerlo medio decente. Aunque precisamente no he entrado con el mejor pie al quincuagesimo primero de mis aniversarios, me he jodido el pie en un ejercicio del gym y voy cojeando. Además de unas agujetas que no me dejan poner el brazo en posición recta. Pero hoy es otro día y los dolores van remitiendo y hay ganas de moverse y siguen quedando ganas de pasarlo bien y divertirse con cualquier cosa. 

12/7/23

Gazpacho

 Para mi el gazpacho es como ser bisexual. ¡Ojalá me gustase! Pero no me gusta por muy bien que me lo vendan. 

Bubo dixit. 

10/7/23

A San Fermín pedimos...

 Sigo la técnica familiar. Esa que se basa en hacer ruido a las ocho menos cuarto. La cafetera sonando, el plato del desayuno cayendo en la mesa sin ningún cuidado, y la televisión con un volumen algo elevado durante unos segundos. Y entonces alguien sale de su habitación frotándose los ojos y preguntando ¿hoy quien corre?

Cebada Gago, Torrestrella, los Miura... sea cual sea la respuesta es algo que va uniendo a la familia alrededor de la televisión desde hace años: Los encierros de San Fermín. En casa nos despertábamos casi todos. Algunos después volvíamos a la cama. Durante unos años la familia se redujo solo a mi suegro y un poco más tarde a mi hijo. Ahora solo hay que mandar whatsapp para verlo. Y el primero va diciendo la ganadería, la gente que está, y lo divertido que fué hace unos años cuando pasó tal o cual cosa. 

San Fermín, a quién cada vez se le pide con más prisa su protección, en los cánticos sigue siendo un de los Santos Varones que tiene influencia en casa. No por lo religioso, ni si quiera por los toros o la fiesta. San Fermín sigue siendo la hostia por que consigue juntarnos en casa alrededor de una idea infantil.