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30/6/26

Clarita

 Duramos tanto como nuestra perra Clarita. Ninguno de los dos la queríamos en casa pero como íbamos a saber que después de aquella quincena de vacaciones en Holanda su hermano vendría con una novia alérgica. Y Clarita llevaba poco tiempo con él como para hacerse imprescindible en su casa. Pero se volvió imprescindible en la nuestra. 

Llegó en nuestra primera discusión y nuestras charlas y sus lametones nos terminaban por juntar  de nuevo. Al principio en la cama, luego en la cocina y la última vez en el veterinario. 

Si. Duramos tanto cono Clarita. 13 años y medio. Los otros aún no nos conocíamos y solo nos disfrutábamos en la distancia y en el deseo. 

Se ha muerto Clarita y ya no nos vemos en la cama, ni en la cocina. No. Ni si quiera en su rincón para recibir la dosis diaria de cariño que le reclamábamos por separado. 

Y se hace pesado el piso sin esa mediadora entre nosotros. 

24/6/26

Abanicos

 Lo peor de usar el lenguaje del abanico es que Irene también te corrige las faltas. 



11/3/26

La conozco.

 La conozco. No sé de qué. Será del trabajo. La conozco y ella me conoce. Nos hemos sentado frente a frente y no paramos de mirarnos. ¿De qué coño la conozco? Por que quiero ir y decirle y... yo creo que ella también lo piensa. Y un gintonic lleva a otro. Ella bebe esa bebida que antes era el Nestea. Tres llevamos cada uno. Cada cual en su mesa, con su gente, charlando y, de vez en cuando, mirándonos. Y hay algo... 

Se levanta para entrar en el bar, la sigo. La llamo y le pregunto. Nosotros nos conocemos ¿verdad? Tenemos algo pendiente y ella asiente. Me sonríe y me habla por fin. No bebas mas si vas a a coger el coche me dice. Y entonces la recuerdo: la agente que me multó el martes. 

11/2/26

La distancia justa para no verlo todo.

 - Deberías ponerte gafas. Cada vez ves menos. 

- ¿Que necesidad hay? ¡No sabes lo güena que está la gente a esta distancia con su poquito de miopía! Sin escucharlas, sin imperfecciones. Solo desde el deseo. 


Bubo dixit. 


1/2/26

En la barra.

Brillos en el abrigo.
Ya no quedan en su cara
pero el escote parece decir lo contrario.
Tetas operadas 
con ganas de salir al mundo.
El cuello aún 
no pasó por quirófano 
pero sus uñas tienen 
una manicura perfecta 
arreglada después de cocinar
de acariciar sin prisas 
o masturbarse con El Turco. 
Botas hasta la rodilla y
minidalda por el muslo. 
Diez ojos, 
todas las miradas de su alrededor 
son suyas cada vez que cruza las piernas. 
Disimulando para el resto
del bar. Por que esos ya
los conoce. Y ella hoy
quiero algo nuevo. 
Como el tipo que escribe 
en servilletas de bar, 
el mismo que no le quita ojo 
ni a su escote, ni a sus piernas.  

31/1/26

De artículos varios.

 - ¿Qué lees? - Le pregunta ella mientras vuelve del baño y se coloca la camisa que él había dejado tirada en el suelo. 

- Un artículo sobre la pareja. La confianza, el respeto, el diálogo y la importancia de hacerlo juntos. Ven. -Le dice meloso mientras abre sus piernas dejando entrever una nueva erección. 

Ella se acerca, se coloca encima de él y le quita el móvil arrojándolo al sofá que hay al lado de la cama. 

- ¿Y, no sería mejor que lo hicieses en tu casa esta noche?



13/11/25

Treinta líneas

 



     El escritor empieza a teclear con prevención. Tiene que escribir un cuento corto. Todo el mundo habla. últimamente, de las virtudes de la narrativa corta, pero él. si pudiese ser sincero, confesaría que detesta los cuentos en general y los cortos en particular. A pesar de eso, para no perder comba, se ha visto obligado a unirse a la oleada de farsantes que fingen ser. Unos apasionados de la brevedad. Por eso le aterra la ligereza con la que sus dedos se desplazan por las teclas, de forma que tras una palabra aparece otra v a esa le sigue otra, y otra, que acaban por configurar una línea, tras la que se configura otra -iY otra!- sin que consiga centrar el asunto, porque está habituado a las distancias largas a veces necesita cien páginas para empezar a intuir de qué va lo que escribe; otras veces necesita cien páginas para empezar a intuir y otras veces ni con doscientas lo consigue. Nunca le ha pasado por la cabeza preocuparse por la extensión. Cuanto más mejor: bendita sea cada nueva línea porque, una tras otra, demuestran la grandeza de su obra, y por eso -aunque, en el fondo, una, dos o cincuenta líneas no añadan nada a la historia que cuenta- para nada las expurga. En cambio, para escribir este cuento casi debería coger la cinta métrica Y ponerse a medir. Es absurdo. Es como pedirle a un maratoniano que corra los cien me- tros con dignidad. En un cuento, cada nueva línea no es una línea más sino una línea menos, y en este caso con_ creto una línea menos hasta la treinta, porque eso es lo máximo: “Entre una y treinta líneas”, le ha dicho Ia voz de terciopelo que le ha telefoneado del suplemento dominical del diario, pidiéndo el cuento. Muy a su pesar, el escritor levanta los dedos de las teclas y cuenta las líneas que lleva escritas: veintitrés. Sólo le faltan siete hasta la treinta. Pero. tras escribir esa consideración -y esta otra- aún le faltan menos: seis. ¡por Diosl Es incapaz de pensar algo y no teclearlo, con Io que cada cosa que piensa se le come una nueva línea y eso hace que en la línea veintiséis se de cuenta de que, a solo cuatro líneas del final, no consigue centrar la historia, quizá porque de hecho -hace tiempo que lo sospecha- no tiene nada que decir y, aunque normalmente consigue disimularlo a base de páginas y más páginas, este puto cuento corto le pone en evidencia, motivo por el que, cuando llega a la línea veintinueve suspira y, con una sensación de fracaso no del todo justificada, pone el punto final en la treinta. 

Quim Monzó



Me encanta este micro y lo he vuelto a encontrar por ahí. Tocaba publicarlo de nuevo. 

12/6/25

Hasta las trancas.

 Me enamoré de ella en Granada. ¡A primera vista! Era sensual, con un aire descuidado sin ser consciente de ser el centro de todas las miradas. O al menos de la mía que no podía quitarle el ojo de encima. 

A Granada no hay que ir acompañado, pero eso aún no lo sabía y mi grupo tiró de mí dejándola en aquella sala con su aire ausente. Aún era lo suficientemente estúpido como para ruborizarme cuando me comentaron que me la iba a comer con los ojos y no reconocer que me había enamorado. Tan imbécil como para negarlo y abandonar el lugar y Granada con una sonrisa fingida. Negarla como San Pedro me dolió. 

Tardé quince años en volver a Granada. Iba solo. Y otra mujer me esperaba. Pero aún faltaban varias horas para vernos y mis pasos me llevaron al lugar donde la vi por primera y única vez. Sabía que era imposible que sintiese aquella turbación después de tanto tiempo. Ni si quiera sabía si se encontraría allí pero comencé a aligerar, no me di cuenta de que casi corría hasta que un tipo me miró mal. 

¡Y estaba allí! Hermosa, misteriosa, sensual, igual que como Acosta la pintó en 1939.




7/6/25

Tose.

 Tose. 

Y cada vez que tose pierde el alma. 

Como un yo-yo que saliese fuera del cuerpo

buscando un camino imaginario 

y regresando como un niño

con ganas de correr. 

Sujeto por esas gomas 

que dan su salida. 

Cuando el alma vuelve

duele. 

Duele el pecho desde el tiempo 

y por un segundo parece recuperar 

la cordura. 

Y duele la vida. 

La vida le duele a horrores. 

No saber también duele

pero no tanto como ese segundo de cordura.

Duele recordar la risa.

¿Cúanto hace que no ríe?

Que su mueca de dolor 

se quedó grabada en su cara.

Como la de un villano de Batman. 

Duele. Y vuelve a toser. 


6/6/25

Reloj de arena.

 Tenían cuatro números, y al menos otros dos para el mes, las fechas que fueron importantes. Sabíamos identificarlas en su tiempo cuando éramos imberbes. Con la facilidad de un curso, tercero, cuarto, quinto... Tú naciste en septiembre de 1981, lo sé por que yo empecé a subir escaleras en el colegio y ya estaba en el primer curso. 

Y después solo fueron referencias a un lugar, el instituto primero uno, después otro y otra ciudad. Y ahí cuando perdí la cuenta. El tiempo se medía en tal o cual fiesta, antes de salir con aquella chica o después de aquella feria en la que volvimos a coincidir. 

Mucho tiempo sin vernos, tanto que empezamos a medirlo en matrimonios, hijos y divorcios. Una pandemia nos igualó las fechas. Antes del COVID y después. 

Ahora se ha simplificado mucho mas. Solo está el ahora y antes, cuando vivía. 

5/6/25

Insomnes



Se despierta temprano. Aún faltan tres horas para que suene la alarma de su despertador. Mira el móvil . Sabe que no debería hacerlo pero no puede evitar gritarle al mundo, o a su grupo de whatsapp que no puede dormir. Confía en que alguien le conteste. Quince minutos despues vuelve a mira su estado. ¡Que cabrón! Lo ha visto pero no me dice nada., piensa. Y lo imagina mirando su perfil. Masturbándose con su foto, ¿con su foto? ¡Que ilusa! Estará viendo uno de esos videos porno que le gustas: Rubias culonas comiendo polla como si no hubiese un mañana. Si. Seguro. Duda si enviar un mensaje. Joder, eso sería rebajarse. Espera que él ponga algo. Cualquier cosa. Que ella pueda enviara algo sin que parezca que necestia su polla como agua de mayo. ¡Total! Tampoco va a funcionar la cosa. Sabe que le da mas largas que un camión a la policía. Y le manda un un emoji que no dice nada y lo dice todo. Él contesta como si lo llevase esperando desde que se despertó, poco antes que ella para mirar la última conexión. Tampoco puede dormir. ¿Qué haces? Se preguntan Curioseando, viendo la tele... cualquier excusa es buena para negar que están desesperados por correrse con la ayuda del otro. Es él el que propone que una paja es la mejor solución para quedarse frito. Ella está deseando escuchar eso y le pregunta si es lo que estaba haciendo. Responde que no, pero que será lo que va a hacer si no puede dormirse. Se aventura y le pregunta: ¿Te apuntas? Lo mismo entre dos es más fácil y podemos dormir antes de que suene el despertador. No es que le parezca mala idea, es que es lo que esperaba. Y comienzan las preguntas, ¿qué llevas puesto? Los dos mienten, por su puesto. ni él duerme desnudo ni ella tiene un camisón de lencería en pleno invierno. Pero les da igual, la imaginación es el arma mas poderosa que tienen, más incluso que el deseo. Y comienzan a verse distintos. Por que el deseo del otro es uno de los mejores síntomas de seguridad del que se apropia el ser humano. Somos mas guapos, mas divertidos, mas fuertes y mas sexys cuando nos desean. Las conversaciones fluyen con facilidad. Hay ganas. Y aún no hay sueño.

11/3/25

Never say, never again.

 Nunca mas. 

Que fácil era decirlo antes. 

Cuando las primeras veces nos sorprendían 

tanto como a los amigos, la familia, los compañeros. 

Cuando aún nos conocíamos poco 

y pensábamos que éramos buenas personas. 

Que convicción: Nunca mas. 

Y nos lo  jurábamos por lo mas sagrado

que hace tiempo dejó de serlo. 

Ni a recuerdo llega. 

Tuvo que llegar Bond para decirnos:

Nunca digas, nunca jámas. 

Y quizá a él le creímos mas que los amigos, 

la familia, los compañeros. 

E instauramos el Quizá en el lenguaje. 

El Casi delante del Seguro que... 

Lo mas probable, A lo mejor.

Cualquier coletilla que rebatiese la seguridad. 

Y si es que si algo se me quedó claro es que casi nunca mas, diré nunca mas. 

27/11/24

Pasear al perro.

 Se agacha con todo el dolor de sus rodillas y parte del alma para coger una pelota pequeña. Se incorpora lentamente y vuelve a tirar la pelota poco mas lejos de lo que sus brazos le dan. Son unos metros los que recorre el perro que está a su lado para volver a recoger su juguete y ponerla a sus pies. Lo mira como una madre cansada que ya no tiene ganas de mas hijos. Mira a un lado y a otro del parque. El ansioso perro corretea a su lado, ladra, se tumba, se levanta, se sienta, se revuelve a su alrededor y con el hocico le acerca la pelota. Ella se gira un poco. Ni se agacha esta vez. Le da un puntapié al lado contrario, el perro corre, esta vez no la pilla tan pronto, la ha disparado con ganas y la pelota, con su perseguidor detrás, cruza la carretera.  

27/10/24

La ventana.

 Mirar por la ventana cuando llueve. 

Esperar tu paraguas. 

Tu andar pausado 

y tu ritmo cansino 

del trabajo. 

Mirar por la ventana 

y verte llegar. 

¡Eso es Felicidad!

17/10/24

Que te parta un rayo.

 - ¡Que te parta un rayo! - Le dijo Carmen al hijo de la grandísima puta que acaba de violarla.

- Que te parta un rayo, cabrón. - Volvió a repetir mientras el tipo se recomponía y salía silbando de la celda donde la habían retenido sabe dios por qué.

Y llegó un día, veintitantos años mas tarde, en que por fin se sintió bien. El agua caía abundante en el pueblo y los truenos se escuchaban cada vez mas cerca del rayo. Se sorprendió de lo agradable que le resultaba la vida en ese momento y entonces Angelita llegó a casa empapada. El chaparrón le había pillado en la calle pero el sobresalto lo traía en el cuerpo. 

- Se ha muerto Domingo Guzmán. Lo ha fulminado un rayo. Por Dios que pena de hombre. 

Pero Carmen respiró profundamente y sin decir nada comenzó a sonreír para el resto de su vida.  




(A partir de un relato que ha leído hoy Francisco A. Carrasco.)

15/10/24

Paejazz

 Llueve, me he perdido en Valencia y solo sé que estoy cerca de Mestalla. ¡Joder que feo es el campo! Recuerdo hace año, la primera vez que vine, que también me perdí. Ahora hay móviles y parece mas fácil encontrar el sitio. ¡Los cojones! Ha pasado dos veces por la misma calle. ¿Dondé coño estaba esta mierda de pub? ¡Paso! Lo dejo. ¡A tomar por culo el móvil y el sitio! 

Me decido a volver a la avenida y parar el primer taxi que vea. Y entonces alguien sale de un tugurio oscuro para fumar, tres notas le acompañan antes de cerrar la puerta. ¡Ahi! Ahí estaba. Solo había que escuchar. Como si fuese un marinero tras la sirena sigo la música que sale con tres fumadores mas. 

Entro y una barra sugerente me enfila al escenario. Tres tipos están tocando. Un piano, un tenor y un batería. Tienen a los parroquianos estáticos, con el movimiento de un pie llevando el compás, la cabeza adelante y atrás y alguno con los dedos martilleándose la pierna como si fuese el teclado. A mi me sube una sonrisa nada mas verlos. Me esquino en la barra y me sorprende, además, una morena con el pelo recogido que me pregunta que quiero. Por un segundo creo que lo tengo todo pero la costumbre me hace pedir un whisky solo. Le señalo la botella de Glenfidich, la noche lo merece después del aguacero que he padecido por culpa de esta gente. 

Ritmos cambiantes, solos, y tres whiskys después salgo del BlackNote con una sonrisa de oreja a oreja. Ha parado de llover  pero aún chispea. ¡Joder, creo que hasta se ven las estrellas! Si el Turia no estuviese seco sería ideal ver reflejarlas en el agua. Da igual. La última copa me acompaña dentro de un vaso de plástico y aún puedo escuchar ese poquito de jazz que retumba en el whisky. 






27/9/24

La Ninfa

 En aquel arroyo de purita mierda era imposible que viviese una ninfa. Yo lo sabía pero papá se empeñaba en ir cada noche de San Juan para buscarla. 

Pasé años sin volver por allí cuando mi padre murio. Pero este año la añoranza me hizo llevar a mi Juanito a aque paraje que afortunadamente había ganado en esplendor. Mas salvaje pero mas limpio. 

Se nos hizo de noche cuando acabé de preparar una hoguera y empecé a contarle a mi hijo que allí podía vivir una ninfa. 

- ¡Yo la he visto! -Me dijo.

Y empezó a describirla tal y como me la describió mi padre la primera vez. 




4/7/24

Verano Joven

 Se acerca con un carrito de bebe y tres churumbeles que le corretean como satélites. El mas pequeño corre sin rumbo y vuelve. Es ancha de caderas, con un escote mas que llamativo y hace tiempo que perdió una figura que debería ser de niña guapa, aún conserva la sonrisa y los ojos cuando habla. 

Después de unas preguntas sobre un autobús me pide el precio. Se lo digo y me vuelve a preguntar por el precio de familia numerosa. ¿Normal o especial? Le pregunto. Para ir con todos mi niño, la especial. Parece encantada cuando le digo lo que se ahorra y entonces caigo. ¿Perdona? Le llamo la atención cuando empieza a recoger niños para salir. ¿Tú tienes lo del verano joven?  Y me dice que no tiene ni idea de que es. Así que le comento que si es menor de treinta años puede beneficiarse de otro tipo de descuento. Con los ojos tipo manga me mira asombrada. Me dedico a hacerle muecas a uno de sus satélites mientras tecleo en el ordenador. 

En cinco minutos le he conseguido el código de descuento del verano joven para ella. No llega a los treinta años que solo lo confirman sus ojos y cuando terminamos las gestiones para comprar sus billetes los coje entusiasmada. Se los guarda en el escote y me da un abrazo que me ruboriza como si fuese treinta años menor. 

Los satélites me dicen adiós mientras salen por la puerta. No puedo evitar pensar que con ese abrazo puedo volver a ser padre y ni me he dado cuenta.

22/6/24

Rápido antes de perderlo.

 Había que escribir rápido. Frases cortas. Las interrupciones constantes no le permitían oraciones de muchas palabras. No quería olvidar. Ni a la chica con rabillo en el ojo tan largo como serpiente. Ni al tipo con calcetines blancos impolutos y un bañador rosa. Ni al vigilante que bailaba salsa cuando pensaba que nadie miraba. Todo era fugaz. Pasaba por su vista, por su mente. Y no quería olvidar. Tenía que escribirlo rápido. Antes de que la memoria volviese a fallarle. Antes de olvidar esa historia que los unía a todos. Escribir, sabía que quería escribir esa historia, ese relato, quizá un micro. 

Escribir pero... ¿de qué?

3/6/24

De rosa y ex.

 


Tenía un rosal de terciopelo. 
A mi me gustaba tocar 
esos pétalos. Rozarlos con la yema 
de los dedos. Se respiraba bien 
en aquel patio. 
Y, aunque prefería el jazmín 
que había al lado, 
no podía evitar quedar anonadado 
frente a aquellas rosas. 
Aquella belleza con púas 
que tanto me recordaban 
a  ella.