29/7/23

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Ayer empecé una entrada en el curro. Quería hablar de lo difícil que se me hace empezar a escribir. Ni la gracia divina ni las musas pueden con la pereza que me da ponerme, últimamente, frente al folio en blanco, o la pantalla. 

Ayer, la entrada, que iba a escribir, derivó en una descripción de varias mujeres que estaban en el curro. Pantalones cortos, escotes impresionantes, bikinis que dejaban el lateral del pecho en un vaivén hipnótico, aberturas de falda en piernas kilométricas... ¡El paraíso del voyeaur!


Ayer, también, fue mi cumpleaños. ¡Cincuenta y uno! Y se me hace raro. Por que en ninguna etapa de mi vida hubiese apostado por llegar a esa edad y, encima, hacerlo medio decente. Aunque precisamente no he entrado con el mejor pie al quincuagesimo primero de mis aniversarios, me he jodido el pie en un ejercicio del gym y voy cojeando. Además de unas agujetas que no me dejan poner el brazo en posición recta. Pero hoy es otro día y los dolores van remitiendo y hay ganas de moverse y siguen quedando ganas de pasarlo bien y divertirse con cualquier cosa. 

12/7/23

Gazpacho

 Para mi el gazpacho es como ser bisexual. ¡Ojalá me gustase! Pero no me gusta por muy bien que me lo vendan. 

Bubo dixit. 

10/7/23

A San Fermín pedimos...

 Sigo la técnica familiar. Esa que se basa en hacer ruido a las ocho menos cuarto. La cafetera sonando, el plato del desayuno cayendo en la mesa sin ningún cuidado, y la televisión con un volumen algo elevado durante unos segundos. Y entonces alguien sale de su habitación frotándose los ojos y preguntando ¿hoy quien corre?

Cebada Gago, Torrestrella, los Miura... sea cual sea la respuesta es algo que va uniendo a la familia alrededor de la televisión desde hace años: Los encierros de San Fermín. En casa nos despertábamos casi todos. Algunos después volvíamos a la cama. Durante unos años la familia se redujo solo a mi suegro y un poco más tarde a mi hijo. Ahora solo hay que mandar whatsapp para verlo. Y el primero va diciendo la ganadería, la gente que está, y lo divertido que fué hace unos años cuando pasó tal o cual cosa. 

San Fermín, a quién cada vez se le pide con más prisa su protección, en los cánticos sigue siendo un de los Santos Varones que tiene influencia en casa. No por lo religioso, ni si quiera por los toros o la fiesta. San Fermín sigue siendo la hostia por que consigue juntarnos en casa alrededor de una idea infantil. 

9/7/23

La Taberna.

Fue el último en llegar. Allí en su taberna de siempre ya le esperaba Juan. ¡Que hijo de puta! Seguía igual que aquella madrugada que se despidieron. Casi veinte años de aquello. Haciendo de intermediario de Luis y Joaquina que discutían por alguna tontería. Un matrimonio, dos hijos, alguna hipoteca e incluso un tiempo de separación y seguían peleando y amándose como cuando Don Serafín los echó a todos de clase de matemática. Y al lado, Carlos, que prácticamente acababa de llegar. Él lo vio salir, se despidieron y, quizá por eso, no quiso esperar mas y salió a buscar a los amigos. Carlos le ofrecía el asiento frente a él. En aquella mesa, donde juraron encontrarse hacía tantos años después de faltar a clase de latín, se reunieron por fin los cinco. 

Y cuando brindaron por su reencuentro una algarabía recorrió la taberna y alrededor todos sonrieron sin saber porqué, sin saber, sin ver, que los cinco fantasmas eran los que alegraban el salón.