27/10/15

La panadería.

Ferrer decía que lo mejor era comer pan. Con vino, a ser posible con mucho vino. Que era solo una sensación pero muy difícil de quitar. Que traía un recuerdo dulce y una realidad angustiosa. A él los coños le gustaban velludos. De ahí esa maestría para explicar la sensación de tener un pelo en la garganta.
Las nuevas generaciones, por que Ferrer era uno de esos vigilantes de seguridad con mas paseos que una novia en la plaza, descubrimos en el porno de finales de los noventa que la depilación en la zona genital era algo a tener en cuenta y entonces empezamos a aplicarnosla nosotros también. Lo que pasa es que con eso de las modas retro a la gente se le ha olvidado el asco que da encontrarse un pelo en la sopa... y en esas me encuentro yo. 

- Buenos días. ¿Que desea?
- Una telera. Con mucha miga. Y una botella de Ribera del Duero. 
Telera.

26/10/15

Los gilipollas.

Cuando Dios no sabe que hacer con los gilipollas los manda a mi trabajo. Entonces llegan, se pasean, algunos preguntan en un mal inglés, otros se empeñanan en hacerse entender en francés, pero la mayoría habla un español medio decente. Luego cuando mas o menos los tienes ubicados se vuelven a mezclar y siguen andurreando y tropiezan dos o tres u hasta ocho veces con la misma piedra. Solo hay una piedra para tropezar pero ellos hacen turnos para golpearse. La pena es que pocas veces se hacen el suficiente daño como para tener que enviarlos al hospital, o meterles entre pecho y espalda cuarenta puntos de sutura, no. Son como los niños en el tobogan. Da igual que se rompan los piños en la bajada. Ellos lloran y vuelven a tirarse sin poner cuidado. ¿Para qué? ¡Si ya están los padres! A los gilipollas de mi curro les pasa lo mismo. ¿Para que van a poner cuidado si ya hay alguien pendiente? Pero a veces los padres están hartos, o nosotros. Y dejamos que se den de hostias, a ver si aprenden. Los niños si, los niños aprenden, pero los gilipollas no. Todo lo mas cambian de sitio y están una temporada sin aparecer pero después vuelve.

25/10/15

Manual básico para conciertos de músicos que no conoces.

1.- Spotify. Si no conoces el grupo o al tipo al que vas a ver. Si te invita alguien o si quieres impresionar a la chica a la que llevas, lo menos es que tengas una idea de que cantan. Así que spotify es la mejor opción para conocerlos. Un disco, tres o cuatro o quizá solo varias canciones en algún tugurio con otra gente, seguro que el programa de música preferido te suelta que hace. (En caso de que no lo conozca ni su puta madre, puede que otros lugares como Shazam o Rdio tengan noticias del tipo. Lo mismo tiene hasta web.)
2.- Youtube. Otro programa imprescindible si se deja. Que no los conoces, pues Youtube es fácil que te muestre que gente va a sus conciertos. Lo mismo el tipo es flamenco y van los padres de familia de bien que lo mismo te encuentras a los de las tres mil viviendas allí con bichos incluidos. Por si acaso un repaso a la gente que va a los conciertos para no desentonar y llevar chaqueta o tirantes y cagarla. 
3.- Besos y arrumacos. A ver... si vas a un concierto es para escuchar música. Que resulta que no te gustan y a tus amigos si, pues te vas a los servicios, tardas diez o doce temas en volver y desde la última fila pones a parir al grupo. Lo que no puedes hacer es ponerte a filetearte en un concierto, sobre todo si es de Rock, Punky o algo así. Que un beso y un puñado en el culo se tolera, pero el filetazo en mitad del concierto no está bien. Y menos si es un bareto donde la acústica y la visión es una mierda. A las esquinas a meterse mano. 
Arizona Baby. Descubrimiento del 21/10715 en Hangar.
4.- Chitón. A un concierto se va a escuchar. No ha hablar. Que no digo yo que estes con voto de silencio, ni seas Sor Mudita en convento de clausura, pero coño. Todo lo que tú hables estás interrumpiendo el sonido del interlocutor y además de los que están al lado. Así que chitón. Que te sabes las canciones, las cantas. Que quieres un cigarro, lo pides, un cubata, igual. Que mira que buena está aquella tipa, se dice. Que empiezas a contarle el exámen de la generación del 98 que tenías esta mañana... ¡NOOO! Para eso te vas a la barra, o te sales fuera, y le cuentas lo que quieras pero dejar escuchar el concierto al resto. 
5.- Birras y movilidad. Ir a un concierto y no tomarse una cervecita o diez esta penado. (Cervecitas, cubatas o cualquier variedad etílica o no.) No se puede ir a un concierto, y menos si es gratis y en un pub, a bailar y escuchar a palo seco. No está bonito. Dicho esto, ahora viene la otra parte. A ver, que te puedes pedir una birra o setenta, lo que no puedes es querer volver al sitio donde estabas si te apoyabas en el escenario y la barra está en la otra punta. Cervezas y saltos no esta bonito. Al final terminas tirando la mitad y lo peor es que se la llevará la cazadora de algún tipo, o peor de la novia del tipo. Hay que tener muchas horas de conciertos para bailar con cervezas tipo maceta y que no se te caiga, ni poner empapado al personal. Dicho esto, si no tienes esas"horas de vuelo", o te vas al fondo donde no se molesta, o a la barra (personalmente es mi sitio preferido para ver los concietos), o te quedas quieto. Beber y bailar solo para muy duchos. (Mas que nada porque si es un concierto de gente que no conoces puedes llevarte la hostia de tu vida sin saber por donde viene. Aunque aviso, si hay un tipo alto que te mira mal y lleva un búho... Ya te puedes hacer una idea.)

No es mi mejor verano.

No. Verán ustedes. Yo sé que este no va a ser mi mejor verano. Uno intenta levantarse todos los días optimista. Con un poco de suerte una chica está al otro lado de la cama. A veces apetece besarla. Pensar que puede ser la madre tus hijos. Ponerle un piso en las Tendillas. Pero la mayoría de las veces la chica que se despierta al otro lado ha perdido todo su esplendor una vez disuelto el whisky en la sangre. Entonces soy yo quien se levanta y huye sibilinosamente. Otras... Otras es la chica, casi siempre cuando ya piensas en que ojalá tus hijos se parezcan a ella, la que hace mutis sin siquiera una ducha o un desayuno mañanero.
No. Se que no será mi mejor verano porque en casa se ha instalado una garrapata, Y no como esa de los Delincuentes. Que va. De las de verdad. Con un metro setenta y poco de altura, catorce años y unas manos que acaban en mando de play station. Como cuando los piratas se engachaban un garfio en su muñón, igualito pero con mandos de play. Esta garrapata que además se entretiene en ver MasterChef... me tiene ocupadas todas las pantallas de casa. Malamente puedo yo prestar atención a una pero él lleva tres a la vez. Así que solo me ha dejado una para mi, la pantalla del e-book. Mientras tanto la mujer de mi vida hace visitas espóradicas al piso.

22/10/15

21/10/15

La ducha.

Después de un café y unas copas aquella sobremesa en su piso me hizo pensar que era la mujer ideal. Rubia, inteligente, guapa, simpática, lo tenía todo. Fue entonces cuando le pedí entrar al baño. Limpio, brillante, desde luego nada que ver con el mío. Creo que me enamoré al instante. Pero entonces un impulso me hizo mirar en la bañera. ¡Limpia! No limpia de higiénica, que también, si no de botes. Solo un champú, un bote de gel y... ¡Miedo! Porque quizá una mujer puede ser perfecta pero es imposible que en su baño tenga solo se encuentren dos botes. Cuando salí del baño una cucaracha rubia me esperaba en la puerta ansiosa y hambrienta en la puerta.  

20/10/15

Símil.

El sexo no es el motor de la vida pero debe ser la gasolina o la junta de culata, la correa de distribución o cualquiera de esas cosas que el coche te marca un luz. No te queda otra que llamar al mecánico y preguntar que pasa, con algo de suerte es solo una de esas luces amarillas que el tipo te soluciona en un plis, con algo menos puede ser una de esas rojas y tenga que ser él quien se llegue a donde tú estas. 
Lo que está claro es que tanto una como otra... te lo tienes que hacer mirar.  

Bubo dixit. 

(Si, ya veo que para ser una cita me ha salido algo larga.)

18/10/15

Instinto poligonero.

Ayer vi a la Jenny. Esta buena la cabrona y lo sabe. Llevaba esas mallas negras que se gasta y le marcan un culo que ríete tú de la otra Jenny, de la López, con unos muslos de tenista profesional. Y eso que la Jenny solo va al gimnasio tres veces por semana. Cuando su madre se queda con la niña y le da un rato de asueto. Se ha agenciado una gorra de los San Francisco 49ers, aunque de cerca lo que tiene puesto es San Fernando 69. Sigue llevando el piercing que le regaló el Fernandito. Nunca un regalo se ha disfrutado tanto en el barrio. Desde entonces lleva camisetas cortas. El tipo que está con ella señala el regalo con el índice mientras le soba el costado. Parece querer mostrarle la forma correcta de coger el taco y darle a la bola blanca. ¡Como si ella no supiese jugar al billar! Ya lo creo que sabe, y busca la jugada para ponerle esas mallas con el culo apretado al tipo que la pasea. 
La Jenny entonces mira a la barra mientras balancea el taco. Da para mucho esta chica, con el culo tiene enganchado al maromo que le va a pagar las copas esta noche, pero se guarda un as en la manga, o en el escote en este caso, y con una postura artificial enseña un canalillo que ha perdido a mas gente que la riada del 86. Si acaso el tipo le falla, o para la próxima vez que tenga un claro y pueda salir a la calle. El golpe a la bola blanca coincide con el ajuste de paquete de media barra que se acomoda la polla creciente. El salto de la Jenny, el abrazo y la lengua que le mete al tipo de la mano en el costado hace que alguno que otro se gire como cuando el equipo contrario te marca y das el último sorbo a la copa. Sin saber si pedir algo más para terminar de ver el partido o pagar las copas e irte a casa, a ver si allí hay suerte y puedes echar un polvo si la parienta no está de morros. 

17/10/15

Ruta Senderista Pokemon.

Cuatro días de senderismo son muchos días. Después de ver plantas de colores, árboles enormes y de tipo bonsay, insectos, algunos con cuernos mas grandes que un toro de Bilbao, mucho pajarraco, desde los buitres del Monfragüe al cerdo de Mogarraz, cabras de la Sierra y ciervos con mas hambre que los pollos de Cipriano, que se comieron la vía del tren a  picotazos pensando que era una lombriz. Después de hacer mas kilómetros en senderos mas perdidos que el barco del arroz, tengo que reconocer que ya estaba algo cansado. Así que cuando ella gritó:

-¡Bubo, Bubo! Mira ese es nuevo. Ese bicho no lo habíamos visto antes. 

Fui resignado los treinta metros que bajaban de sendero, treinta metros en un sendero con pendiente del 60% pueden ser muchos metros, para ver al bicho. 

- ¡Mira, mira! - Me agarró del brazo tirándome.- Es allí, ¿Lo ves? ¿No lo había visto nunca? ¿Que será?
- ¡Joder niña! ¿Para eso me llamas? Es un Sandslash, muy de andar por el campo. Creo que el niño tiene uno o dos en la Pokedex. ¿Nos podemos ir ya?


Sandslash




8/10/15

No pasa nada, hasta que pasa.



Tú llegas un día a la estación de tren. Te has gastado una pasta porque no te puedes permitir ningún retraso. La última vez que cogiste el autobús había un camión lleno de vacas en mitad de la carretera. El espectáculo era dantesco. Unas vacas muertas en el camión, otras comiendo trigo en el prado de al lado, algunas en la carretera como si estuviesen haciendo autostop y tú llegaste tarde. ¡No! Esta vez no va a pasar. El presupuesto se incrementa pero la seguridad que da el AVE no la da la línea de autobús. Así que diez minutos antes de lo que toca llegas a la estación. ¡Vaya! Hay más gente de la que pensabas. Los monitores  parpadean más que una bizca a su novio y la gente va y viene por toda la estación con billetes en la mano. Igualitos que los que tú tienes. Cuando consigues hablar con un tipo con chaleco fluorescente, que parece que viene de una fiesta acid, te enteras que no hay tren de alta velocidad. Bueno… ni de alta ni de baja. Unos tipo se han encargado de llevarse la línea de cobre que hay en la estación y a ver quien es el guapo que se dedica a mandar un tren sin cuarenta sistemas de seguridad para decirte lo que debes hacer. No debe ser muy difícil comandar uno cuando los Hermanos Marx lo hacen en su película del Oeste: “Mas madera”.  Pero no. Ahora nadie le echa carbón las locomotoras y no hay nadie que sepa como hacer funcionar el tren sin que tenga más peligro que una piraña en un bidé. Además, en las noticias colea el juicio del ferroviaria del accidente de Santiago de Compostela. Como para aventurarse.

El caso es que tú, por mucho que te haya costado el billete, hoy vas a llegar tarde. Da igual que por fin tuvieses una entrevista de trabajo y vayas de punta en blanco. Da igual que la prueba que tienen que hacerte en el hospital se retrase de nuevo otros seis meses. Da igual que hoy no puedas ir a trabajar (¡vale! Eso no da igual, eso es una alegría.) Da igual por que o llegas tarde o no llegas. ¡Ahh! Y nada de reclamar. Que la culpa no es de Adif, la culpa es de los kinkis que se han llevado una jartá de cable y han dejado vendidos a los usuarios. Los de Adif, por su puesto, no tienen la culpa. No tienen la culpa de mosquear a los usuarios cada dos por tres, ni de hacer recortes en seguridad, ni en personal. No, Adif no tiene la culpa. La culpa es nuestra por gilipollas. 

6/10/15

Asientos habituales.


(Hace unos días participé, con poco éxito esta vez, en el concurso de relatos del Consorcio de Transportes Metropolitano de Córdoba. La verdad... el relato se hizo con muy pocas ganas, con prisas y sin tener claras las bases, pero... por mi que no quede. Así que lo envíe como el que compra un décimo de la ONCE que termina en siete sabiendo que lleva dos días cayendo en el mismo número. Como últimamente estoy "inapetente" y el blog es mas una obligación moral que una necesidad o un desahogo, como antes, lo coloco aquí para que las entradas de octubre no se minimicen como está pasando en los últimos meses y no me entre regomello por seguir dejando cosas sin terminar. Bueno... pues eso. Que ahí queda.)



Asientos Habituales.


Ella.
Él se sube una parada después de la mía. Da igual que llueva o haga sol, siempre está esperando. Se adelanta y alza el brazo mostrando la tarjeta verde del consorcio para parar el autobús. Suele ser la única persona que hay en la parada pero cuando hay alguien más con él le cede el paso. Saluda a Manuel, el conductor del autobús, como si fuese un viejo amigo. Después en varias zancadas recorre el pasillo y sonríe dando los buenos días a los viajeros que esperamos sentados que el autobús reanude su marcha. Lleva auriculares rojos y mueve la cabeza al compás de la música. Tiene el pelo alborotado. Se entretiene con el móvil durante el recorrido y parece muy tímido. Cuando llego a mi parada salgo por la puerta de atrás. Él parece mirarme atentamente desde los últimos asientos.

Él.
Es guapa. Es muy guapa. Cuando subo, ella ya está sentada en los primeros asientos. No la había visto antes en la línea. Suele llevar un libro y a veces mira el móvil. De vez en cuando gira la cabeza y mira al final del autobús. Entonces me ruborizo y comienzo a mirar mi móvil como si me entretuviese más que su pelo. Ella se baja una parada antes que yo. Lo hace por la puerta de atrás. Se despide de Manuel, el conductor, y entonces es cuando la veo pasar. Sonríe y saluda a los viajeros que continuamos. Cuando el autobús sigue su recorrido yo miro por la luna trasera como se aleja.

Manuel.
Ella se llama Marta. Este año ha cambiado su horario, empieza antes las clases, y coge pronto el autobús. Le encanta leer y solía sentarse en los primeros asientos.
Él se llama Carlos. Lleva varios años trabajando y es un habitual a primera hora. Los asientos corridos del autobús han sido su espacio particular desde que empezó a usar la línea. Hasta que empezó a coincidir con Marta.
Los chicos son simpáticos, jóvenes, y desde hace una semana los dos coinciden en mitad del autobús para sentarse juntos.




La Nómina.

La nómina es como ese niñato que llama a la puerta y sale corriendo. Se queda en la puerta el momento justo para insistir con el timbre pero en cuando abres solo le ves la espalda mientras se aleja corriendo. 

Bubo dixit. 

3/10/15

(r)²

El insano hábito de callar cuando no procede suele conllevar el nefasto vicio de hablar a quemarropa y a destiempo. 

Aitor Castell.