24/3/19

El cajón de ajedrez.

No recordaba lo que era estar en un piso vacío cuando no te apetece. Siempre hay alguien, y si no lo hay el que se va soy yo. Pero esta noche vuelvo a estar frente a un ordenador, sin ganas de televisión y con la música mas alta de lo que debería, quizá así se noten menos las ausencias. Es tan fácil escribir cuando no hay otra cosa que hacer. Solo teclear. Sin querer pensar mucho por que esta soledad que se instala, solo por hoy quiero pensar. Aunque pensar nunca se me dio bien. Conoces los datos pero después, justo cuando decides, alguno nuevo se había colado, lo habías obviado y... ¡La cagas! Si, mi fuerte no es pensar. Con el ajedrez me aburro. No llego a visualizar las jugadas del adversario. ¡Joder, ni siquiera las mías! Yo siempre imaginé que lo mas divertido del ajedrez era cuando las fichas se encontraban en la caja. La reina blanca liándose con un peón negro. Los alfiles homosexuales haciendo tríos entre ellos, o ellas, los caballos cagando por la caja y las torres engordando. ¿Qué coño comerá una torre? ¿Se alimentará de las migajas de galleta que cayeron de la merienda? ¿O fueron ellas las causantes de la perdida del peón blanco, ese que ahora lo suple una piedra de la playa? A saber que se cuece en un cajón de ajedrez. ¡Eso es lo que interesa! Después... cuando están en sus cuadrados, perfectos, alineados... Ahí solo les queda que representar un papel y a mi no me gusta condicionar a nadie. ¡Que vayan a su bola! Que acabe pronto la partida. Que puedan volver a su cajón de madera y ser quienes quieran ser. No quien le impongamos. 

17/3/19

Tres horas.

Han pasado tres horas, lo sé por que tengo el reloj justo en frente. Tres horas con todos sus minutos, y sus putos segundos que ha  marcado una varilla metálica como si fuese un diapasón. Toc, toc, toc, toc... diez mil ochocientas veces. ¡Tres horas! 
Tres horas y ella sigue sin aparecer. 

3/3/19

...

Los polvos en el coche son para primerizos (o nostálgicos). 

Bubo dixit. 



La caza.

"Debemos reaccionar ante la matanza indiscriminada de animales, como reaccionan los anticuerpos a las bacterias. Pero si la reacción es frente a algo inocuo, como el polen, provoca alergia por hiperreacción. Creo que la reacción de un sector de la sociedad hacia la caza es hiperreactiva."

Biólogo. 

Extraído de esta entrevista dominical.

14/2/19

Frustraciones presentes, pasadas y futuras.

Yo, a estas horas, ya debería haber dejado de escribir chorradas en este blog. Con algo de suerte hubieses acabado un libro medio decente y empezado otro. Quizá de micros, o de relatos, lo mismo hasta me hubiese dado uno para poesía. ¡Joder! Aunque sea de fotos que debería ser más fácil. Pero no, voy dejando pasar el tiempo. Voy imprimiendo textos que después no corrijo, o corrijo y corrijo una y otra vez y nunca me decido a acabar por cerrarlos. Creo que exceptuando uno que presenté a un concurso, fallido por su puesto, nunca he decidido recopilar la poesía que había por ahí. En algún lugar del piso se encuentran los relatos, por Sevilla anda otro de micros y en algún cajón (¡bah, que coño! Se perfectamente donde están) se encuentran las agendas y servilletas con morralla variada. 
¡Si! Yo a estas alturas ya debería haber publicado algo pero... ¿de que me iba a quejar entonces?

Y así sigo, escribiendo chorradas en el blog y frustrándome día si, día no. 

5/2/19

Llego tarde.


Suena la alarma del móvil. La apago y remoloneo en la cama. Vuelve a sonar otra vez. ¡Coño! ¿Ya han pasado veinte minutos? Las siete y no tengo ni pizca de ganas de levantarme. Me justifico las pocas ganas a que estoy pachucho desde hace unos días. Toso varias veces para justificarme con más contundencia.  Tampoco pasaría nada si llego tarde un día. Hay mucha gente que llega tarde, hay mucha gente que falta al trabajo, yo nunca lo he hecho. Pero hoy… ¡Joder que pocas ganas!
Silvia se levanta antes que yo. Cuando vuelve del baño empieza a vestirse. ¿No te piensas levantar? Me pregunta. ¡No! Le contesto convencido. Y  en menos de un minuto ya tengo las piernas en el suelo. Bueno, si, me he levantado, sin ganas pero voy a tardar lo indecible para llegar a trabajar. Así que tardo en decidir que me voy  a poner. Me ducho con parsimonia y me recreo con el agua. Me visto sin prisas, y recojo algunas cosas para meterlas en la mochila. ¡Si! Sin prisas. Me voy al cuarto a hacer la cama y ponerme las botas pero Silvia se ha adelantado. Ha hecho la cama ella. ¡Sorpresa! Lo peor es que una vez puestas las botas ya estoy para salir a trabajar. Preparo el sobre de Frenadol que me toca por la mañana, espero que los granos se diluyan mientras voy girando la cuchara despacio. ¡Está asqueroso!  Miro el reloj: Las 7:26. ¡Joder! Las siete y veintiseis. Si me voy ahora ya llego lo menos veinte minutos antes. ¡Me voy a prepara un café! Pienso. Lo bebo a sorbitos cortos, lentamente, recreándome en el sabor. En el olor no porque con el resfriado que arrastro no me entero de nada. Silvia recoge su bolso. Me voy, dice., me llevo el coche.  ¿Si? Le pregunto.Entonces llévame. Vale, me contesta, voy cerca. Me coloco la chaqueta y cojo un pañuelo. Silvia entonces me dice que antes tiene que parar para dejar una cosa en su trabajo. Nos coge de camino. ¿Como? Pregunto. Mi idea de llegar tarde es llegar con la hora justa al trabajo, si acaso uno o dos minutos de retraso, pero si ella tienen que pararse se puede hacer que eterno. Y esperar en el coche a que vuelva para llevarme a mi y entrar quince o veinte minutos tarde… ¡No! Eso si que no. Casi mejor que no, le digo. Me voy en bici. Salgo detrás de ti.
Llego al curro. Faltan cinco minutos para que empiece mi turno. Quizá hoy no he podido llegar tarde pero de mañana no pasa.



23/1/19

A las tres.

Siempre aparecen a las tres en punto. NI a las dos, ni a las cuatro, ni siquiera se permiten unos minutos de demora o adelanto. A las tres en punto ellos empiezan a curiosear en mi cabeza. Entran sigilosos, como esos compañeros que esperan asustarte por la espalda y después ríen con una broma. Solo que ellos no reían y yo tampoco. Con sudores y calenturas me despertaba y no podía volver a dormir. Por allí quedaban escondidos, ocultos, esperando que cerrase los ojos para volver a aparecer. Pero hoy no les voy a dar ese gusto. Voy a seguir frente al ordenador, una hora, dos, tres, las que sean necesarias para que llegue el día, para que el sol los ahuyente, al menos, hasta mañana a las tres.