23/5/17

El rescate.

Subió los diez pisos hasta la azotea arrastrando la lengua en los todos los escalones de las cuatro últimas plantas. Buscó en todos los bolsilos la llave de la azotea y por fin entró. Abrió y allí seguía ella. Esperando que la rescatasen de un suicidio premeditado. Apresurado, el aliento le faltaba en cada zancada vacilante mientras se dirigía a ella con los brazos abiertos para recuperarla. El ansia fue quien le hizo tropezar y empujarla. Desde el borde la vio volar.

22/5/17

Cambio de aires.

Desde ese día nadie vende barquillos en el parque, ni podemos cambiar cromos, tampoco los novios se besan en los bancos o se esconden tras los arbustos. Desde ese día los pájaros emigraron al sur y nunca volvieron, los árboles se marchitaron y del suelo sigue saliendo un olor a azufre.
Desde ese día, aquel tipo que salió del suelo hizo del parque su hogar e instauró el infierno.

18/5/17

El donante.


Sale con la cara blanca. El hombre que ojea una revista la tira a la mesa y se levanta. Se acerca. 
- ¿Te has mareado?
El otro no contesta, solo hace una mueca. 
- ¿Estas bien? - Vuelve a preguntar el de la revista.
- Que si papá que estoy bien. Es que me han sacado casi medio litro. 
Y el otro le coge la cara le mira con los ojos vidriosos y le echa el pelo para atrás. Le aguanta la mirada a su hijo un segundo antes de poner su frente en la de él que es casi de su altura. Le echa la mano al hombre y lo acompaña mientras intenta poner todo su cariño diciendo:
 - Serás gilipollas. 

15/5/17

Celos

Pensé que era buena idea hacer un trió con los calcetines desparejados. Meterlos con los que ya estaban bien acoplados en el cajón, mas que nada por no tirarlos, por darme una sorpresa cuando fuese a colocarlos. 
No sé que coño ha pasado pero ahora todos están rotos. 

El acordeón.

El acordeón tenía un nombre con letras extrañas. Quizá era checo. No sé. Si recuerdo al tipo, muy rubio, casi alvino. Tocaba entre las mesas, despacio, como si se hubiese parado el reloj. Caminaba lento y su música la acompañaba entre el bullicio de la plaza. Yo esperaba en la terraza con una CocaCola que ella se acercase del tanatorio. No me apetecía entrar y ver gente triste. Cuando llegó a mi lado traía los ojos rojos. Alguien le había contagiado sus llanto. Me levanté y le retiré dos lágrimas de su mejilla. La cogí por la cintura y entre las mesas bailamos aquella música lenta…

…y su sonrisa acompañó al acordeón checo por la plaza.

(Este es un micro de hace años. Uno de esos que traen malos recuerdos, pero buenas sensaciones. Hoy lo he recordado, quizá por la fecha, y lo he rescatado para dejarlo por aquí.)

13/5/17

Mi segunda cama - Borrego (Prod. SilvaBeats)



De vez en cuando mi nene me sorprende con algo que termina gustándome.

La resaca.

Todas las veces que follamos estábamos borrachos. Ella iba de ron, yo de whisky y nos fue bien durante tres meses. Pero un día ella pidió un zumo de melocotón, y yo una cocacola. Y follamos por última vez.

10/5/17

Cáncer

8 de diciembre de 1980 cuando papá salió de la casa a por tabaco. Yo nunca lo recuerdo fumando pero eso es lo que dicen las titas de él. Bueno… eso y otras cosas que mamá me prohibió decir durante muchos años. Por eso ahora cuando sueño que vuelve, que lo veo frente a mi siempre, lo veo con un cigarro en la mano.Ojalá no haya muerto de un cáncer de pulmón.

2/5/17

Un polvo o dos hostias.

La cosa está muy mala
dejo las tostadas con jamón
y me como una manzana.
Creo que voy perdiendo la ilusión
desde que no follamos por la mañana.
Desde que tomo zumo sin nada de ron
desde que no te cambia la cara
y vuelvo a meterme en un marrón.
No es que seas la mala
quizá solo necesitas un revolcón
o dos hostias, y taparte con la sábana
hasta que termine el chaparrón.

30/4/17

La llamada.

Coge el teléfono. Es tu madre, le dice. Y se lo pasa. La escucha decir que no tiene tiempo, que va a colgar. Y entonces le quita el teléfono. Paquita, grita. Que dice tu niña que estas cada día mas guapa, y empieza una conversación mientras que la hija abre la puerta y se va. Yo sigo en el sofá, hago como que escribo pero es mentira, solo tecleo incongruencias mientras tengo la oreja puesta en una conversación y un ojo en la salida de mi mujer. Hace un aparte con el teléfono y me pide un cubata. No puedo seguir haciendo como que escribo y le pregunto que prefiere, gintonic o whisky. Con una mueca, como de que le hace falta algo fuerte, me dice que whisky. Cojo uno de los vasos largos, otro corto para mi. Le coloco dos hielos a cada uno y dejo la botella al lado. Otra mueca mientras sigue hablando con mi suegra para que le eche el trago. Soy generoso, mas de medio vaso largo de Cutty Sark, mientras ella abre los ojos como para explicarme que me he pasado. Entonces le da el primer trago. Lo saborea. Mi suegra debe estar encantada, ya lleva mas de cinco minutos de charla con alguien. Si yo hubiese sido el destinatario ya hacía un rato largo que habríamos acabado la conversación. De hecho cojo mi vaso, le doy un trago y sigo escribiendo. Aparece mi cuñada en la conversación, su viaje, las niñas, los dolores de espalda, mientras yo sigo aparentando que escribo. La pantalla de la televisión cambia de imagen. Se ha hartado de la serie que había en pausa y se ha desbloqueado sol. Parece que se le acaba la conversación y habla de mi esposa. Le cuenta que está tan mal como ella. Un cojín sale volando desde mi lugar hasta el suyo. Otro gesto, esta vez mío. Uno de esos del tipo: no hables de lo mal que está que luego se preocupa. Lo que parecía una despedida sigue alargándose. Tengo que reconocer que entre las dos tienen más palique que yo escribiendo. El folio va con pinta de acabarse y siguen de cháchara. La vida, la vida, la vida es, la vida, la vida que mala es, parecen 091 quejándose lo mal que estamos. Yo miro el reloj de la pantalla. Espero que llegue la hora en la que aparezca Silvia, no debe tardar mucho. Pero aún quedan cinco minutos para que salga el bus de Granada. Ahora sí, ahora parece que ya acaba la conversación pero... ¡Croché! Derivamos en croché. Exactamente… ¿que es el croché? ¡No! Sin lugar a dudas entre dolores, preguntas indiscretas, y tratamientos de belleza, ¿o el croché tiene que ver con eso? Mi suegra ha tenido suerte de que Elisa coja el teléfono y le de vidilla. A mi me hubiese matada. Llega Silvia. Por fin algo de cordura en casa.