11/9/22

Edad

 "En mi interior tengo todas las edades, y en mi rostro la que me otorgan los demás. No soy yo quien decide. "

Laure Adler.




29/8/22

Pictolín y pintura.

 He vuelto a casa. Abro la puerta y la llave no está echada. ¿Habrá alguien? ¡Hola! ¡Hola! ¿Hay alguien? Pregunto antes de cerrar detrás de mi. Nadie en el piso. Precisamente por eso es por lo que vuelvo a casa. Después de una inundación de la vecina de arriba, los pintores son los primeros que manda el seguro y por la mañana solo yo me puedo hacer cargo de recibirlos, los inquilinos están fuera. Mi nene está fuera y los otros están trabajando. Y entonces... ¿Si no hay nadie por que no cierran?

El tendedero está en mitad del salón. Habrá que quitarlo, pienso. Los pintores necesitarán espacio. El salón, el pasillo, la habitación de los locos y el baño. Voy recorriendo esos lugares para ver como están. Si han preparado las habitaciones esperando al pintor. En la habitación la cama está sin hacer. ¡Joder, mira que avise! No puedo evitar estirar la sábana y colocar bien la almohada. Las cosas que sobresalen de la estantería las coloco en un lugar donde no peligren cuando coloquen los plásticos para pintar. No puedo reprimir pasar un dedo y llevarme una costra de polvo. Cojo un paquete de pañuelos y sacando uno lo extiendo para llevarme el resto del polvo acumulado. La mesa parece que tiene otra costra de polvo parecida. Me resigno. En el baño hay infindad de productos de higiene, de limpieza y algunas cremas y mascarillas. El espacio del mueble donde puede guardarse esos botes tiene dos que están vacíos. ¡Vacíos! ¿Por qué guardan los botes de gel vacíos? Los recojo y los tiro a la basura. ¿Donde tienen estos el inorgánico? ¡No jodas! ¡Ni siquiera reciclan! Con mucha pena los meto en una bolsa arrugada que encuentro en la cocina. Los llevaré después a la basura. 

Son casi las ocho . Suena el teléfono. El pintor es puntual. Abro la puerta y empiezan a meter bártulos. Yo recojo mi mochila, mi ordenador y me voy a mi antigua habitación. Los papeles de pictolines


campan por la papelera y alguno se ha colado bajo el armario. Dos botes de desodorante, uno acabado, varias botellas de agua, lanjarón, fontvella, solandecabras, hay casi de todos los formatos. Mascarillas.... ¡La de mascarillas que hay en la habitación! Unas abiertas, otras sin abrir. muchas fundas entre la mesa y la mesilla. ¡Y polvo! ¿Aquí nadie limpia el polvo en su habitación? Mi nene tiene mi antigua habitación llena de comics por las paredes. Donde otros tienen un corcho y van colocando sus recuerdos, él usa la pared entera. Bien... ¿Qué parte de culpa tengo en esto? ¿Cuántas hostias me han faltado por darle? Se me ha ido de las manos eso de que tiene que aprender él. Parece que no aprende. Recojo mínimamente la mesa, un poco la estantería. Lo justo para poder colocar mi ordenador mientras trabajan los pintores. Lo justo para poder hacer esta entrada. Para no cabrearme y enviar un whatsapp instándole a venir lo más rápido posible para limpiar su habitación. He encontrado unas zapatillas de paño, son de él. Yo llevo años sin usar zapatillas de paño. ¡Son ideales para lanzarlas a la cabeza! Pienso. Madurar debe ser contener las ganas de dar hostias a quien las merece intentado que se de cuenta de que hay otras opciones mejores. ¿O eso es hacer el gilipollas? ¡No recuerdo! 

El caso es que cada vez me parezco mas a mi madre. Aunque mi madre no había madurado mucho aún y me hubiese dado las dos hostias si yo dejo la habitación como la tiene mi nene. El caso es que tendré que hacer algo de provecho, que no limpiar, en este rato de pintura. Y la entrada se me está alargando, así que... 


Nos vemos pronto. A ver si puedo contar cuando venga el electricista o el acuchillador, para el parqué no para mi hijo, y el piso es algo mas que una maraña de pelusas. 

22/8/22

 Te echo en falta. 

Mucho. 

Esa manera de ajustar la mirada 

para encontrar lo mejor. 

De olvidar lo malo, 

o encontrar lo bueno que tiene. 

Ver belleza en la mierda 

 que nos rodea. 

¡Si! 

Te echo de menos. 

Mucho.

Whisky a destajo, cubatas a deshoras, 

vino hasta acabar las comidas,

cervezsas con, o sin, apertivos. 

¡Que coño! 

Alcohol. 

Cualquier cosa para 

perder la cabeza,

borrar. sentir. 

algo para mandar a 

tomar por culo 

lo que venga. 


21/8/22

No mires.

 Es la segunda vez que pasa delante de mi. En mi cabeza solo hay un pensamiento: ¡No le mires las tetas tan descaradamente! ¡No le mires las tetas tan descaradamente! ¡No le mires las tetas tan descaradamente! 

Y ella, entonces, parece verme. Se acerca al mostrador de información. ¡No le mires las tetas tan descaradamente! ¡No le mires las tetas tan descaradamente! Con mi mejor sonrisa finjida le pregunto que desea. ¡Tetas! ¡No le mires las tetas tan descaradamente! Y vuelvo a sus ojos. Ella confiada, parece relajada y se deja caer en el mostrador alto. Ese que es capaz de sostener el pecho a la altura de los ojos. Y ella pregunta algo. Y solo puedo pensar... ¡al menos no babees! ¡No babees! ¡No babees!



Domingo.

Me despierto media hora antes de que la alarma del móvil suene en la habitación. El pie derecho en el suelo, la mano izquierda bajo la cabeza. Como si quisiera auparme y empezar el día. Pero es domingo y la pereza aún me puede aunque me toca trabajar. ¡En domingo! Otra vez. Tantas ya que debería estar acostumbrado. 

Y pienso que no debería costar tanto levantarse de la cama. Que, al fin y al cabo, es el último día. Que vestirse no va a suponer un problema con el calor que hace en Córdoba y los pantalones cortos y las camisetas son la mejor opción. 

Ella sigue dormida mientras recojo algunas cosas y salgo de la habitación. Cierro puertas para que la máquina del café no se oiga en todo el edificio. A veces echo de menos mi cafetera italiana. Es temprano. Muy temprano para salir de casa pero ya está decidido. Vuelvo a la habitación y le cambio un beso de café por un gruñido y una mueca. 

Cojo la mochila, en la puerta está la maleta preparada. Mañana toca despertar en otro lugar. 

1/8/22

Agosto.

Agostar.  

Verbo transitivo. 

 

1.- Secar, por exceso de calor, las plantas. 

2.- Debilitar o consumir el vigor o las cualidades de una persona o cosa. 

3.- El intento de dormir con calor sobre todo siestas. 

4.- Persona con pátina de tristeza que tiene las vacaciones a principios de julio o en septiembre.

5.- Con las características o habilidad de otra persona que pierde su idiosincracia, sobre todo en verano. (Agosta de otro.)

6.- Asustar por medio de las olas de calor.


31/7/22

Balance vacacional.

Es hora de hacer balance de estas últimas vacaciones, la batalla la han ganado los mosquitos. Bubo dixit.

26/7/22

Maneras de morir. (Extremoduro)

 Él quería morir por ella. Estar en la camilla de la ambulancia pero no como pasajero. Ella ya había declarado su intención de morir con un cuchillo enorme en el baño de casa. Pero después... ¡Ninguno de los dos lo hizo! 

A ella se le quitaron las ganas al salir de la UVI. A él no, pero ahora tenía tantas cosas pendientes que ella le había dejado que ni siquiera se lo podía permitir. A veces pensó que morir de vergüenza era una opción tan válida como otra cualquiera, y sentía que podía hacerse realidad. Sobre todo cuando cruzaba los pasos de cebra cabizbajo y los coches frenaban en el último momento. Técnicamente no sería de vergüenza pero él pensaba que podía valer. Otra opción que contempló mas adelante fue morir de terror. Los cambios que se avecinaban le daban mucho miedo. La cuenta bancaria ya tenía pinta de vivir en un eterno Halloween con sus telarañas, oscura y con sus número rojos brillando como la sangre que derramó ella. Unas semanas mas tarde, cuando ella seguía mintiendo, como si hubiese sido una aventura de taxi y hotel en vez de UVI y ambulancia, él sopesó también morir de rencor. ¿Se podía morir de rencor? Pensó mientras veía a su padre renqueante andando por el parque con su bastón. Morir de rencor o morir de pena. Morir como solución pensó durante un instante. Un segundo, solo un segundo y... Pero eso fue lo que hizo ella y se obligó a vivir. 

19/7/22

8/7/22

El cromo.

 Es como aquel cromo que me regaló mi primo Eladio. Me dijo que se lo habían querido cambiar por otros cincuenta pero él me lo traía a mi. Era un cromo que tenía un dibujo de un león cazando una gacela. Cuando lo vi por primera vez no sabía lo que era una gacela. Para mi era un ciervo, eso si lo conocía, pero lo miraba descubriendo los detalles del dibujo. Las garras del depredador, el escorzo de la presa intentando escapar. Tampoco sabía que era un escorzo por aquella época. Durante un tiempo, iba a escribir meses y meses pero el sentido del tiempo es muy relativo cuando tienes seis años, iba encontrando nuevas colores en aquel cromo. Y cuando ya no había nada mas que conocer de aquel dibujo, volvía a coger el cromo y lo cambiaba de un libro a otro. Por que no solo era un cromo interesante, era el que me había regalado Eladio. Por que no era solo un cromo de un león matando a un ciervo. 

Es así como la miro a ella mientras me da la espalda y su respiración delata que duerme profundamente.