27/11/18

Hat

No recuerdo de quien es la frase: "No hay nada mas ridículo que un hombre corriendo tras su sombrero".

Quizá por eso he perdido varios. Bueno... por eso solamente no. El primero lo perdí, mejor dicho, se me escapó en Sevilla. Me salió trianero y por el puente que le da nombre al barrio decidió llegarse a Sanlúcar. Mas que correr, hubiese tenido que nadar para recogerlo. Quizá no fue mi sentido del ridículo, si no mi sentido de la lógica, el que mi hizo despedirme de él desde la barandilla del puente. Decirle adiós con la mano y aún alzada para intentar reterlos y mirarlo desaparecer con el rostro apoyado en la barandilla.
Mi segundo sombrero terminó haciéndose toledano. Se quedó en un piso de una calle con nombre de virgen y dueña generosa como tal pero sin el mismo calificativo. Y es que la salida de Toledo se hizo con mas premura que cálculo. Quizá no era cuestión de vida o muerte pero si de varias hostias que no deberían venir la caso. En mis siguientes visitas a Toledo, ni recuerdo la calle ni sabría poner cara a la nueva propietaria sin localizar un lunar con pinta de duende bajo el pecho izquierdo.

Correr tras un sombrero es, ciertamente, ridículo. Cuando lo recuperes tienes que mostrar la máxima elegancia y si no... dejarlo partir.



P.D. Los sombreros de feria no cuentan entre los que he perdido.

26/11/18

...

Hoy tengo ganas de escribir. Nada en concreto, solo por ir moviendo los dedos, ir rellenando la pantalla y ver que ocurre por mi cabeza en este momento. No es que no haya nada, es solo que no quiero, o no puedo, ponerme a escribir una historia. Quizá porque esa historia está muy metida en los últimos días. Y entonces tendría que pensar en todo eso, y no me apetece. Solo escribir. Sin nada que contar, o quizá si pero dentro de un momento cuando haya calentado la mano, la cabeza... Cuando lo que quiera escribir no duela tanto que tenga que parar a cada momento para recuperar sensaciones y pensar en como plasmarlas en este texto. Y es que en los últimos días he estado bastante liado. Lo peor es que ni si quiera tengo la excusa del trabajo como otras veces, ni las clases de inglés (putas clases de inglés, ¿quién me mandaría?), ni mi nene. ¡No! Esta vez mi cabeza me ha jugado una mala pasada. Tan centrada como intento llevarla para algunas situaciones la muy hija de puta de vez en cuando te trae un ramalazo, un recuerdo, un pensamiento que te deja trastocado para unas horas. Una imagen, estos últimos días he tenido varias que serán difíciles de olvidar, aunque también otras han sido muy buenas. Creo que cuando pongo eso de tener imágenes buenas en estos días tiene mas que ver con obligación, casi impuesta, de ver lo bueno en cualquier cosa, de sacar el lado positivo en la situación mas mala, más que la imagen formidable que podría haber sido.
Si. Tenía ganas de escribir pero se me van pasando y lo peor es que sigo sin encontrar las palabras, el micro, o la idea para decir que el padre ha muerto. 

15/11/18

Las tardes muertas.

Las tardes olían a café de puchero y
alhucema de brasero de cisco.

Y morían despacio de muerte natural.

Carlos Colón.
en su columna de "La Ciudad y los días".

11/11/18

Cincuenta y cuatro.

Hoy cumplo cincuenta y cuatro.
¡No! No es mi cumpleaños.
Es solo la edad que me toca hoy,
que el cansancio llega a los dedos
y solo funcionan para teclear excusas.
Excusas de las canas, de frustraciones,
de no querer como me quieren,
de esa puta manía de dejarlo todo para mañana,
de ahorrar lágrimas para mas tarde
y añoranza de las risas gastadas.
Hoy cumplo cincuenta y cuatro,
o cincuenta y seis.
Y la lluvia me regala un día gris
en el trabajo.

22/10/18

...

Los adivinos contemplaban el humo
y las heces.
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.
Nos dábamos por el culo sin cesar,
tiritando en las chozas.

Sergio Algora. 

16/10/18

Colores de calendario.

Como una impresora sin tinta se descoloren los días. Los rojos son rosados, y los negros tornan al gris, gris clarito.
La felicidad es una mala mueca de sonrisa.
Se me destiñen los días
o la vida.

14/10/18

Hay un fuego. (La M.O.D.A.)


Él dijo una vez que no es la fama
ni el dinero
pero cada halago significa el mundo entero
si es sincero
seguiré tocando si me muero
no importa si vivo de esto
o de ser camarero

hay un fuego dentro que nos guía desde niños
la llama se quema si detrás no hay un latido
hay un fuego dentro y será vuestro peor enemigo
arderán vuestros continentes sin contenido

canto para los que se han quedado sin motivos
siempre he sido más de perdedores y perdidos
no vencidos
no podrán secar el mar, no van a poder parar
la fuerza del destino y
sonreímos

deja que me cuele en tus oídos
hay canciones que pueden curar a los heridos
no quiero mentir y ya he mentido
si digo que no he cambiado y sigo siendo el mismo

los nuevos demonios son los vasos
y los besos
sonreir al otro lado del abrazo
y del espejo, es un reflejo
no sé dónde va a llegar
no sé si será capaz de no
decepcionar

siempre hay una luz
no se va
es igual que tú

Suenan las sirenas y no es de la policía
en este cementerio por un día hay
alegría desbordada
veo al viejo que está ahí
e intento comprender cómo será
cuando me llamen viejo
a mí

hay un fuego dentro que nos guía desde niños
hay un fuego dentro y será vuestro
peor enemigo
no sé dónde va a llegar
no sé si será capaz de no
decepcionar.

Sin prisas.

La lluvia, 
sin la estridencia del despertador,
me hace abrir los ojos. 
Parece temprano,
aún  no hay prisa. 
Busco en el móvil 
la hora, 
el día, y una justificación.
¿como es que no me había avisado 
de esta agua?
Es domingo.
Quizá no sea buena idea
salir en bicicleta.
¿Como pueden correr 
tanto los minutos estando 
en cama?
No, no hay prisa. 
La ducha juega a ser lluvia.
El pan de ayer 
permite hacer un bocata
y el movil,
otra vez el móvil, 
no me habla de autobuses. 
No hay prisa. 
Ni autobuses. 
La cultura no ocupa lugar,
quizá solo dos o cuatro gigas, 
los cuadernos si, y el libro electrónico,
y la agenda y los bocatas 
que acabo de preparar y
engordan la mochila. 
No hay... 
no, si hay prisa. 
¡Odio eterno a los paraguas!
Pero cojo uno
con apertura automática 
y marco en el móvil, 
de nuevo el puto móvil, 
un número para justificar retrasos:
La lluvia, ya sabes, le digo.
Y escucho que no hay prisa. 
Ni autobuses. 
Mientras veo 
en la parada del cinco 
como cae la lluvia, sin prisas. 

Nadie en la calle.
Solo lluvia y pocas ganas
de ir a  trabajar. 

2/10/18

Castillos de arena.

Siempre he construido castillos de arena.
Solo que durante un tiempo,
mientras mi hijo pensaba
que de los dos, era el niño
tuve que hacerlos al lado del mar.

Calorías.

Seis kilómetros y cuatro cientos setenta metros para llegar, andando hasta el punto de visitantes de Medina Azahara, en cincuenta y un minuto y once segundos. Seiscientas cincuenta y siete calorías que dice "Endomondo" que he perdido.
Vuelvo con una distancia menor: cinco kilómetros y ochocientos ochenta y ocho metros, en un tiempo de treinta y cinco minutos y treinta y tres segundos. Quinientas noventa y siete calorías mas que se habrán quedado por el canal. La vuelta es una distancia menor, primero porque ya venía recortando y segundo porque lo he parado poco antes de llegar al piso. Concretamente en la puerta de Roldan. Donde, sacando la cartera, he ido a la dependiente y le he dicho:
- Buenos días. ¿Me pone dulces por valor de mil doscientas cincuenta y cuatro calorías?

Escaparate de la pastelería Roldán


P.D. El ejercicio físico solo se hace por un motivo: Para comer lo que te apetezca. 
Y aquí hay dos tipos: Los que quieren comer personas (básicamente follarse lo que le apetezca) y los que quieren comer de todo. (Vamos... sentarse delante del salchichón y empezar a cortar en la  presilla de aluminio y terminar rebanando lo guita.)