18/2/18

Heridas.

Febrero pide a gritos alcohol
para todas esas heridas
que se me infectan
aún no se si ir a la farmacia
o al bar.

14/2/18

Miercoles de Ceniza.

- Buenas días señorita Munroe.
- Puede llamarme Ororo.
- Gracias Ororo. -Le sonrie el tipo trajeado.- Verá... quiero hacerle una propuesta de parte de la Hermandad de Cofradías de Córdoba para la próxima Semana Santa.


8/2/18

Pacatería.

De Cartier Bresson.


De pequeños nos reíamos de nuestras abuelas porque se escandalizaban con facilidad. Jej... ¡de pequeños! Ahora vemos como alrededor de nosotros manadas de moralistas crucifican cualquier comportamiento que no se adecue a sus ideas. 



Pacatería: Comportamiento propio de la persona que manifiesta excesivos escrúpulos morales.

4/2/18

Crisis.

- Ya voy saliendo del bache. - Le escucho a una mujer.

Y pienso que yo no es que esté saliendo del bache, si no que me he ubicado en él, que he puesto mi sillón y he encontrado una biblioteca. Que el bache, al fin y al cabo es confortable y... ¡Joder! Quedamos tantos ahí que incluso es divertido. El bache, ya, es mi casa.

2/2/18

Asesinato en diez palabras.

Ella entró en casa sin invitación, estaba preparado. Compré matamoscas.


El Albornoz.

La chica sigue en la cama. Después de una noche... "movidilla", el sueño aún nos vence a los dos. Ella no tiene prisa, yo si. Mi despertador ha sonado por segunda vez y me ha obligado a levantarme de un tirón. Recojo la ropa, el pantalón está en el suelo, busco un zapato que se ha ido de excursión por el pasillo, la camisa aún sigo en el salón. Necesito una ducha pero voy a llegar tarde al trabajo. Vuelvo a la habitación. La pintura de la noche anterior campa por el almohadón pero ella es guapísima incluso con los ojos llenos de rimel. Me acerco para preguntarle.
- ¡Ehhhh!¿Ummmh?... -¿Como se llamaba?- Perdona... ¿Puedo usar tu baño?
- Emmm?? Si. Pero date prisa.

Entro en la ducha. No me entretengo. Salgo y... ¡Joder! Un albornoz. ¡Odio los albornoces! No hay toallas a la vista. Lo miro, lo abro y la imagino saliendo de la ducha colocandose la prenda. Mi imaginación me provoca una erección. Hay que reconocer que debe estar espectacular con él puesto. Yo intento colocarmelo. Sin ser pequeña, al menos le saco veinte centímetros a la dueña. Así que me cuesta que mis brazos entren en el albornoz. Manga francesa, le llaman. Yo creo que es un amago de gilipollismo. ¿Que coño hago intentando colocarme eso? Cuando por fin entran las dos mangas lo coloco de mala manera. Dificilemente me tapa la entrepierna, al menos mi erección ha menguado. Me miro en el cristal del baño. ¡¡¡Joooodeeeer!!! ¿Quién me manda a mi...? En frente tengo a un tipo con barba, hirsuto, con vello en las piernas y un albornoz rosa con encaje en los filos. La vergüenza empieza a adueñarse de mi cuerpo y decido quitarme lo antes posible el albornoz. De un lado, de otro... ¿Que le pasa a esto? No hay manera. No puedo quitarlo de forma natural. Lo cojo del filo y voy bajando la prenda. Otra vez mas abajo, como si fuese un vestido de esos que hay que culebrear para que vaya desprendiéndose. Por fin cae al suelo. Es tarde, muy tarde. La chica sigue durmiendo. Debería preguntarle el nombre, o al menos cuando salga mirarlo en el buzón, pero... ¡Joder! ¡Odio los albornoces! 

31/1/18

Old Love





Tumbado en el sofá, la música campa a sus anchas por el salón. La lista que ha elegido no es suya pero le ha gustado la portada que tenía y después de dos canciones y un chupito de whisky ha encontrado el lugar ideal para abandonarse al libro. 
Entonces Eric Clapton empieza con los primeros acordes y escucha el ronroneo de una gata que sube por sus piernas. Una gata con rizos zainos y aliento de ron. Que va conquistando su sitio con besos húmedos entre cojines y ropa. La mano lenta va acariciando y el vello apunta al cielo. Da calor esa gata y sobran prendas. Había un libro en esta historia pero se ha perdido entre notas de guitarra. Solo piel y sudor. Me gustaría pensar que también amor. Pero es su canción, no la mía. Y solo estará conmigo mientras dure su viejo amor. 



Dan ganas de volver a repetirla una y otra vez pero ella es tan caprichosa como la selección aleatoria de Spotify y todos sabemos que las gatas solo puedes quererlas. No esperar nada de ellas. (He puesto la versión mas larga que he encontrado para escribir el post. La que he escuchado de verdad solo ha durado siete minutos. Siete minutos de gloria.)

A Gatuna. 
Que me hizo enamorarme de la canción.



Tirando de memoria.

Ayer me llegó una chorrada de esas en las que te entretienes con los compañeros de trabajo. Un conato de versos, una excusa para mirarle el culo a una señora y quedarnos embobados. Como los imbéciles que somos. Ayer, vía whatsapp, llego un papelaje en formato jpg con letra menuda, risas y alguna gota de whisky en el filo. Ayer llego algo para avergonzarse durante un tiempo si uno aún tuviese vergüenza.
Algo así como esto:

Pasas lenta, cadenciosa.
Tu culo se muevo al son
de una música celestial
que solo yo distingo.
El teléfono suena
mientras contigo sueño.
El ruido de fondo acompaña
a la gente que para, que lee,
que se mueve y deja
algo de su mierda
en mi mostrador.

25/1/18

Días largos.

La cama es su refugio. El silencio es un arma. Y a veces las alucinaciones una victoria. Cada vez son menos los momentos en los que es consciente de su realidad. No interesan. ¿Quién coño va a querer acordarse de lo que intentas olvidar? ¿Quién quiere reconocer que ya su cuerpo no le obedece? ¿Que sus piernas no lo aguantan? ¿Que no hay fuerza ni para cagar?
Por eso cada día es mas corto. Las noches acaban antes; y las mañanas, si Dios quiere, o  sus cuidadores lo dejan pueden llegar al Angelus. Cada día es mas corto pero para el la eternidad llega con la salida del sol.