21/2/18

De gilipollas y otros menesteres.

Me estoy quemando. Uno, con la edad, espera churruscarse por igual, a fuego lento, sabiendo que va a cambiar la sustancia pero uniformemente. ¡Pues no! Resulta que si, que voy cambiando pero me están quemando tanto que en una de estas salto de la sartén y si alquien quiere comerme que lo haga crudo. 
En los últimos meses la insistencia machacona de algunos temas, muchos basados en la intolerancia, me han dejado callado, censurándome constantemente para no montar el pollo. Quemándome con insistencia sin siquiera darme la vuelta. Los independentistas catalanes están tan trillados que ya no preocupan, han dejado la lucha fuerte en las calles por lentejas (el que dice lentejas dice varios miles de euros), que le sigue suministrando la teta del gobierno. Berrear mientras no chupa, mientras los demás seguimos currando y esperando que nos caiga algo. Con el tema la igualdad, que yo pensaba que tenía de serie por la familia que me había tocado, resulta que no. Que soy un tío y da igual lo que piense. Que ya estoy condenado. Haga lo que haga lo voy a hacer mal por ser un tío. El chominismo igualitario al final resulta que nos hace mas desiguales. La generalidad nos hace gilipollas. Y en un tema en el que divide al mundo en dos: hombres y  mujeres. NO se puede generalizar. Hay de todo. Y lo peor es que lo hay en las dos partes. Al final terminas poniéndote en contra de los intolerantes y, solo por eso, ya eres un machista irredento. Lo peor es que he descubierto que descubierto que también soy facha. Toda la vida escorado a la izquierda y ahora resulta que, como creo que los derechos son para todos (hasta para los de derechas), eso me hace medio fascista. La liberta de expresión parece que solo la podemos disfrutar desde un lado. En cuanto algún gilipollas, ya sea rapero, político, machista, o ateo confeso, suelta algo que no le cuadra a una  parte esa libertad contrarestra con la dignidad de una parte y la tenemos liada. Es cierto que algunos gilipollas se podían morder la lengua pero coño... que nosotros no nos cortamos en poner a parir a la otra parte.

Lo peor de todo esto es que últimanente si que me estoy cortando que me aguanto decir que hay imbéciles con mas tonterías que mueble bar solo por que haya una parte a la que pueda molestar. Y oiga.... este es mi blog y si tengo que cortarme aquí... mal vamos. Además de que la salud me va a ir fastidiando por no contar lo que debo. 
Y ... que ya está. Que hoy paso de seguir . Debería pedir disculpas por el rollo pero... ¡Que coño! El blog es mío y escribo lo que quiera. 

18/2/18

Heridas.

Febrero pide a gritos alcohol
para todas esas heridas
que se me infectan
aún no se si ir a la farmacia
o al bar.

14/2/18

Miercoles de Ceniza.

- Buenas días señorita Munroe.
- Puede llamarme Ororo.
- Gracias Ororo. -Le sonrie el tipo trajeado.- Verá... quiero hacerle una propuesta de parte de la Hermandad de Cofradías de Córdoba para la próxima Semana Santa.


8/2/18

Pacatería.

De Cartier Bresson.


De pequeños nos reíamos de nuestras abuelas porque se escandalizaban con facilidad. Jej... ¡de pequeños! Ahora vemos como alrededor de nosotros manadas de moralistas crucifican cualquier comportamiento que no se adecue a sus ideas. 



Pacatería: Comportamiento propio de la persona que manifiesta excesivos escrúpulos morales.

4/2/18

Crisis.

- Ya voy saliendo del bache. - Le escucho a una mujer.

Y pienso que yo no es que esté saliendo del bache, si no que me he ubicado en él, que he puesto mi sillón y he encontrado una biblioteca. Que el bache, al fin y al cabo es confortable y... ¡Joder! Quedamos tantos ahí que incluso es divertido. El bache, ya, es mi casa.

2/2/18

Asesinato en diez palabras.

Ella entró en casa sin invitación, estaba preparado. Compré matamoscas.


El Albornoz.

La chica sigue en la cama. Después de una noche... "movidilla", el sueño aún nos vence a los dos. Ella no tiene prisa, yo si. Mi despertador ha sonado por segunda vez y me ha obligado a levantarme de un tirón. Recojo la ropa, el pantalón está en el suelo, busco un zapato que se ha ido de excursión por el pasillo, la camisa aún sigo en el salón. Necesito una ducha pero voy a llegar tarde al trabajo. Vuelvo a la habitación. La pintura de la noche anterior campa por el almohadón pero ella es guapísima incluso con los ojos llenos de rimel. Me acerco para preguntarle.
- ¡Ehhhh!¿Ummmh?... -¿Como se llamaba?- Perdona... ¿Puedo usar tu baño?
- Emmm?? Si. Pero date prisa.

Entro en la ducha. No me entretengo. Salgo y... ¡Joder! Un albornoz. ¡Odio los albornoces! No hay toallas a la vista. Lo miro, lo abro y la imagino saliendo de la ducha colocandose la prenda. Mi imaginación me provoca una erección. Hay que reconocer que debe estar espectacular con él puesto. Yo intento colocarmelo. Sin ser pequeña, al menos le saco veinte centímetros a la dueña. Así que me cuesta que mis brazos entren en el albornoz. Manga francesa, le llaman. Yo creo que es un amago de gilipollismo. ¿Que coño hago intentando colocarme eso? Cuando por fin entran las dos mangas lo coloco de mala manera. Dificilemente me tapa la entrepierna, al menos mi erección ha menguado. Me miro en el cristal del baño. ¡¡¡Joooodeeeer!!! ¿Quién me manda a mi...? En frente tengo a un tipo con barba, hirsuto, con vello en las piernas y un albornoz rosa con encaje en los filos. La vergüenza empieza a adueñarse de mi cuerpo y decido quitarme lo antes posible el albornoz. De un lado, de otro... ¿Que le pasa a esto? No hay manera. No puedo quitarlo de forma natural. Lo cojo del filo y voy bajando la prenda. Otra vez mas abajo, como si fuese un vestido de esos que hay que culebrear para que vaya desprendiéndose. Por fin cae al suelo. Es tarde, muy tarde. La chica sigue durmiendo. Debería preguntarle el nombre, o al menos cuando salga mirarlo en el buzón, pero... ¡Joder! ¡Odio los albornoces!