27/8/18

Bellas Artes de Córdoba. La estela de Murillo.

No tenía nada. Nada que no hubiese visto ya en infinidad de fotos, de cuadros, de láminas. Desde el colegio hasta aquel novio que se echó medio pintor había visto todas las inmaculadas posibles, en todos los colores, todos los tamaños. Pero ayer, el cansancio y el calor de Córdoba la obligaron a sentarse en aquel banco frente la virgen de Antonio del Castillo. Quizá si la vista hubiese caído el lado contrario el descanso habría sido solo eso, un descanso. Se detuvo entonces en las formas, gordos angelotes copiados por los barrocos, se paró en el manto volandero de la purísima, en el celeste azul que ducha a todo personaje de aquellos cuadros y solo cuando vió a aquel niño con papiro con una distorsión en el cuerpo fue cuando se echó atrás. La postura incómoda del serafín le hizo ladear la cabeza, volver a mirar todo el cuadro con otra perspectiva. Fue lo que la tuvo durante unos minutos pendiente de la pintura. 
Después, como si hubiese encontrado el reloj Casio en la muñeca de aquel figurante romano de Nerón, sonrió y haciendo un aspaviento se marcho. 




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Pues si, ayer tocó visitar el Bellas Artes. Hacía tiempo que no caía esa visita y en estos meses se expone: "La Estela de Murillo". Esperaba más de esa exposición, sobre todo después de haber leído críticas buenísmas desde Sevilla, pero claro, no es la misma que ha estado en la capital Hispalense el pasado año, muy restringida esta. De todas formas uno aprovecha y se da una vuelta por esos lugares que tanto gustan (al menos a mi) y que por estar cerca no se visitan con tanta frecuencia como a gustaría. Recomendable al fin y al cabo. Si no por la exposición con relación a Murillo si por el resto del Bellas Artes de Córdoba. 

8/8/18

El ventilador.

No hay música en la casa. Tampoco aire acondicionado. Solo un ruido de aspas, un chasquido que precede a un giro del aire, un soniquete que se repite sin pausa mirando con su ojo ciclópeo de un lado a otro de la habitación. Los míos lo siguen a él, y ya va para más de media hora.

Aparece una mosca, una puta mosca, que rompe la dulce tranquilidad de la tarde.


4/8/18

Cerrado por vacaciones.

He estado leyendo varios blogs. Algunos los sigo, otros me los encuentro. Casi nunca leo nada de alguien que haya dejado de publicar hace mas de dos o tres meses, aunque siempre hay excepciones. El caso es que en varios me he encontrado un "Cerrado por vacaciones". ¡En serio! ¿Que necesidad hay? ¿Tienes que hacer una entrada para decir que no vas a hacer entradas? Por que digo yo que puedes hacer una entrada para decir que te vas de vacaciones, que eso lo veo medio normal, pero... ¿a que vienen eso de anunciarlo? Primero, la policía ya avisa de que no dejes "pistas" de que estas fuera. Segundo, un blog no es una obligación (¿o si lo es para ti?), por que para mi es un gustazo escribir y si tengo tiempo, que es lo que pasa en vacaciones, mejor que mejor. Luego ya te liarás y harás cuarenta mil cosas antes que escribir que la felicidad limita mucho la escritura. Pero... ¿para que anuniarlo? ¿y si luego te dan ganas de escribir que haces? ¿lo publicas en septiembre? ¡Anda ya! Tercero, ¿a que vienen poner los dientes largos al resto de los mortales curritos? Por que aquí, en la blogosfera, quien más quien menos, está currando. ¿Que quieres dar envidia? Bueno pues si, lo has conseguido. Eso y que te mande a tomar por culo por el tono verde que estoy cogiendo. (En vez de moreno de playa.)
El caso es que esta entrada viene a una miniconversación con Greta4__ que me decía algo así como que somo los mas pringados. Que no faltamos de ninguna. Cosa que tiene razón. Y que ella iba a intentar escribir algo esta noche. Y como no voy a poder hacer nada en un rato y no quiero dejar pasar un día mas sin entrada... Pues cae esta. 

Y no... No cierro por vacaciones. (¡Joder si es cuando mas escribo! Además que estoy currando.)

31/7/18

Lector omnisciente.

Sabía que era el asesino. Desde que dieron las vacaciones lo había seguido por todos los rincones. Cada página me llevaba a la mismo conclusión pero descubrí tarde que el cadáver era yo.

23/7/18

Un día normal.

Es un día normal. De esos que no traen nada nuevo. Y el sueño no se iba de la cama ni siquiera cuando el despertador sono, como pasa siempre, por segunda vez. No hay rebajas en el supermercado por que hoy, el capricho, solo nos lo hemos podido dar con un yogurt de trufa. El pan, la leche, las cebollas y el salchichón cuestan lo mismo que ayer. Hoy es un día normal y ella ha comido sano y yo... yo no. Y la siesta ha sido corta y el calor no ha sido sofocante. ¡Que buen verano llevamos! Ella sale a pasear y, en el centro, recoge un talonario de la Mutua. Me dice que pasará por mi trabajo para recogerme, eso no es normal. Pero si entra dentro de los planes en los que los dos iremos de la mano. Hoy es un día normal. Por eso quiero hablar con ella y decirle que estos días, estos tan normales, para mi son especiales. 

19/7/18

La acabadora.

Me he vuelto a enamorar. Se llama María Listru. Tiene un mirada inocente y descarada. De esas que aparecen cuando la falta de años se suplen con la insolencia de conocer la verdad mas profunda. Esa que luego se diluye entre penas y hostias (a veces las que nos dan los que queremos y otras la vida misma). 
María es encantandora. Traviesa (por que robar con pocos años es solo una travesura) y coqueta. Es la cuarta hija de una familia que a la que ya le sobraban mujeres. Quizá por eso su madre no tardó en darla como fill´e anima a la tía Bonari. 
A María, esa foto, se la hizo Carlo Bevilacqua, un día que visitaba algún difunto con la tía Bonari. Yo aún no conocía su historia que escribió unos años mas tarde Michela Murgia. Pero desde ayer que la conocí un poco mas... me volví a enamorar. 


10/7/18

Atreverse.


Aún no se decide. Seguir adelante, atravesar la puerta o esperar. Mira su móvil, como si fuese a darle la respuesta correcta. Detrás de ella, como si se avergonzase de su poca decisión, su reflejo le da la espalda.

2/7/18

Dejarse querer.

Dejarse querer es un buen oficio salvo que la otra parte resulte atosigante. 

Noche de aparecidos.
De José Luis Martín Vigil. 

(Recomendado para los que nos gusta escribir.)


23/6/18

Amanece.

El café sin prisas.
Mirar la sierra tras la ventana.
Los autobuses educadamente silenciosos, que aún no ha salido el sol y la gente duerme.
Unos gorriones funambulistas que buscan su nido.
La música caprichosa que no se atreve a alzar la voz.
El verde movimiento de las ramas de un árbol.
Es sábado. El día está pidiendo su lugar. Pero aún quedan cinco minutos donde todo puede perfecto, después... Amanecerá.

11/6/18

La Senda del tiempo.

A veces llega un momento en que te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente pero con ganas de morir.
Paseando por las calles todo tiene igual color
siento que algo hecho en falta no se si sera el amor.
Me despierto por las noches entre una gran confusión
esta gran melancolía esta acabando conmigo.
Siento que me vuelvo loco y me sumerjo en el rencor
las estrellas por la noche han perdido su esplendor.
He buscado en los desiertos de la tierra del dolor
y no he hallado mas respuesta que espejismos de ilusión.
He hablado con las montanas de la desesperación
y su respuesta era solo el eco sordo de mi voz.
A veces llega un momento en que te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente pero con ganas de morir.
Paseando por las calles todo tiene igual color
siento que algo hecho en falta no se si sera el amor.




Aquí debería venir una entrada donde en cada verso explicase lo diferente que se ve ahora a como lo hacía con veinte años menos, con diez menos pero... ¡Pero no! Por que exceptuando el primero, ese que dice que "a veces llega un momento en que te haces viejo de repente" y tenía claro que ya no me haré viejo de repente, que lo estoy haciendo de poco a poco, excepto ese... Todos los demás son incuestionables.

¡Será que es lunes!