22/6/14

Método de relajación.

El tipo se acercó al mostrador. Venía pidiendo un imposible pero de verdad lo que quería era una hostia. Así que respiré profundamente y empecé a contar hasta diez. No funcionaba y segui hasta doscientos cuarenta y ocho cuando llegué al doscientos cuarenta y nueve abrí los ojos ya no estaba. Entonces salí a su encuentro. Lo llamé y cuando estaba a su lado le di aquello que había venido a buscar: Su hostia.

8 comentarios:

  1. Pues mira, sí. Tú te relajaste y él se llevó lo que necesitaba. Debería hasta darte las gracias por ello

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    1. No le había echado cuentas a este post. Es lo que pasa cuando escribes en un sitio y lo llevas a otro. MPili... con lo que me quedé fue con las ganas de dársela de verdad. Y ya no necesito contar tanto, me sofoco con dificultad en seis como mucho estoy como nuevo. (Excepción de mi hijo que el infinito me parece poco.)

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  2. jajajajajajaja qué bueno lo de infinito...
    Mi problema es que primero doy la hostia y luego me digo "coño! si tenía que haber contado primero!"

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  3. Entonces... el límite está en doscientos y pico??? lo digo para ir practicando que algún que otro papá tocapelotas...

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    1. No Feo, ese es el mío. ¿A cuanto llegas tú?

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  4. yo no hubiera pensado tanto, quizás me hubiera chocado, pero el cliente siempre lleva razón, verdad?? jajajajajajajaja

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    1. Verdad. Y hay que darle lo que quiere aunque no lo pida.

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