16/6/20

Mi cajón desastre.

Para Alis. 
(Que siga guardando en su cajón desastre.)



Justo a la izquierda
nada mas entrar 
está esa consola con 
mi cajón desastre. 

Tiene una pipa de fumar
con tabaco seco
y servilletas de bares cutres
con relatos de whisky caro.
Unas cartas de poker 
sin la reina de corazones,
y un zippo con un búho volando. 
En mi cajón desastre
hay fotografías que ya olvide´
y llaves de casas que no visito.
Escondido en uno de los rincones
un dado con cinco caras
para cuando no se cual poner. 
Pulseras rotas de amores 
que nunca se van y un destornillador
para ajustarme la cabeza.
En el cajón desastre, ahora,
hay también una mascarilla
perenne, que espero tirar pronto. 

9/6/20

Silencio.

Jimmy Smith llevaba una hora y media tocando desde el móvil en el salón. El teléfono no había sonado desde primera hora de la mañana, inexplicablemente ningún teleoperador había interrumpido la siesta. Y el libro mantenía el interessuficiente como para no echar de menos ni si quiera un vaso de agua y entonces ella le llamó la atención sacandolo de su ensimismamiento placentero y le dijo:

- Amor, ¿te has dado cuenta del silencio que hay?

Él respondio con un gruñido afirmativo sin dejar de leer.

-Entonces... ¿Sabras valorar que he estado callada mas de una hora, verdad?





Epilogo:

- No cariño. A mi me sale sin querer y no puedo entender que te cueste trabajo.

-Ahh ¿no? Pues ya verás.
Y cogiendo el teléfono comenzó a marcar.


Jimmy Smith sonaba en el salón, junto el ruido del aire, la voz de ella, otra vozl otrp lado del auricular,los coches en la calle...

2/6/20

29/5/20

Botí.



No busques penas en los lienzos de Botí.

Porque cuando pinta colores tristes

su azul es cálido como un abrazo,

y el verde de las jaras trae el sol de Sierra Morena.

Porque en las fachadas blancas

está el corazón de sus habitantes.


No hay lágrimas en la pintura de Botí.

Pero, si te acercas lo suficiente,

escucharás el piar lastimero

de los gorriones que habitan en ella.

Te humedecerá la cara el salpicar

de sus fuentes y olerás el caldo

que preparan detrás de la esquina.

Entonces, quizá,

sean las tuyas las que aparezcan.


No amargan los bodegones de Botí.

Porque su naturaleza no está muerta.

Tiene el sabor de la fruta fresca,

del vino para la excursión del domingo,

de los recuerdos de aquel viaje a Portugal,

de las risas infantiles

que acumulan los juguetes.

No hay miedo en los paisajes de Botí.

Porque una mano experta

te guiará por Córdoba

con el mismo cariño

que la mirada infantil dibuja a su madre.


No hay luto en los cuadros de Botí.

En su pintura, solo hay vida.




Y esto está sacado de alguna libreta, uno de esos días que me da por pasear por los alrededores de la Mezquita y llevo cámara, cuaderno y un libro decente para verla con los ojos de un guiri. 


22/5/20

15/5/20

17/24


Llevo tanto tiempo de no escribir que me he decido a hacerlo de cualquier manera. (Iba a escribir: si, o si; pero tengo que reconocer que es una frase que no me gusta.) El caso es que me he propuesto subir una de las fotografías que tengo guardadas en el ordenador. Hace poco he estado haciendo copias de seguridad y algún regomello se me ha quedado con algunas. No es el caso de esta. 
La idea era pensar un número: el 17, es el que se me ha venido a la cabeza sin saber por qué y ese sería el número del directorio elegido. El que estuviese en esa posición. Resulta que es una coleción de archivos de la Vía Verde de Zúheros. El nombre que tiene es C151110ViaVerdeZuheros. "C", es el equivalente a Canon, las dos cámaras reflex son de la misma marca y aunque en un futuro me diese por usar una Nikon, Sony... Ya no creo que cambiese. Los dos primeros dígitos son el año de realización, los dos siguientes el mes, y los dos últimos el día de última foto, por su puesto lo de VíaVerdeZuheros es para saber el lugar. Así que ya tenéis una idea de como maneja el archivo fotográfico. (¡FATAL!). 
El otro número, el 24, también a voleo era la posición que ocupase la fotografía. Es curioso, no es una fotografía mía, bueno, si es mía pero la hizo mi acompañante en ese viaje. Justo la que hace la posición 25 era mucho mejor pero... ¡Joder si no soy capaz de ser sincero conmigo mal lo llevo!  Total que esta es la fotografía que salío. No está desaturada, por que de vez en cuando me da por disparar en blanco y negro y no me gusta ni siquiera tener la posibilidad del color. 
El caso es que os iba a contar algo de la foto, ya que ha salido. Y tengo que reconocer que fue un buen día ese del mes de noviembre. Una escapada por la Subética, a la Hacienda Minerva.  Un sitio precioso que ni siquiera en pleno otoño perdía el encanto. La fotografía es en la plaza de Zuheros, después de un paseo por la vía verde desde la hacienda. Es un pueblo increíble, pequeño, acogedor y con dos o tres lugares que merecen muchísimo la pena visitar. Construido entre rocas y con rincones entre sus calles estrellas que son sobrecogedores. 
Pero vuelvo a la foto; a saber que me estarían diciendo para llevar esa cara, o quizá tendría que ver con lo a gusto que se estaba en la plaza con un gintonic de Larios en la mesa y un Sol despidiéndose entre olivos y montañas. La fotógrafa, en este caso, es mucho de "ponte así y ponte asado". Ya digo que la siguiente es mucho mejor fotografía que esta en la que ya me estaría desconojando de sus manías y costumbres fotográficas. Creo que sería una buena opción Zuheros otra vez, o Fernando Po, siempre que esté ella. 

1/5/20

Le gustaban pocas cosas.



Le gustaban pocas cosas
el alcohol y las ventanas,
el mar desde una colina
el mar dentro de la playa

el olor de los jazmines,
los libros de madrugada,
el sol, el pan de los pueblos.
Quevedo,  recordar África
la noche y los amigos,
el verano y tus pestañas.

de Mayte Martín. 


Lo que me faltaba a mi hoy, que Mayo empieza y se nos va de las manos, es que me mande esto y me digan que se acuerdan de uno. No se si agradecerlo o mandar al emisario a tomar viento. 
Se me ha quedado un nudo en el estómago que me va a venir de puta madre para la dieta que necesito. 

27/4/20

En las fases más avanzadas del cretinismo, la falta de ideas se compensa con el exceso de ideologías.


De El Juego del Ángel.
Carlos Ruiz Zafón.

12/4/20

Llamadas.

Suena el teléfono en casa. Interrumpe los dibujos y mamá habla en el salón sin dejarme escuchar al gato Jim. 
- Mamááá. ¡Que no escucho! - Me enfurruño.
- Ahora la llamamos... ¿En diez minutos?... Si, claro. 
Mamá cuelga y puedo seguir escuchando como se pelean gatos y ratones en la televisión 
- Loooli. Baaaaja. Grita mi madre a la escalera de casa. 
Mi hermana baja sin prisa la escalera. 
- Ve a casa de la Sole y le dices Carmencita que la ha llamado el novio. Que va a llamar en un ratillo de nuevo. 
- ¿Yooo? Estoy haciendo la tarea. Que vaya Ara. 
-  ¿Voy yo? - Le pregunto a mi madre cuando escucho que hay que llamar a Carmencita.
Mi madre duda. La excusa de hacer la tarea siempre es buena y además está harta de verme toda la tarde pegado a la televisión. Así que acepta no sin antes recriminar a mi hermana que mas le vale que tenga los deberes hechos antes de la cena. 
- No te despistes y dile a Camencita que venga pronto. - Me alecciona. 
Yo salgo corriendo a casa de la señora Soledad y llamo al timbre. Me abre Carmencita que me sonrié. Tiene una bata corta y está llena de hilos. 
- ¿Que hace aquí el niño mas guapo de todo el pueblo? -Me pregunta mientras me noto como se suben los colores a la cara.
- Que dice mi madre que vengas a la casa. Que ha llamado un novio tuyo. 
Ahora es a Carmencita a quien le suben los colores. Como si ese novio ya la estuviese viendo se sacude algunos hilos de la bata. Se descalza de las zapatillas que lleva en casa y gritando hacia dentro se va poniendo unos zapatos que están atrás de la puerta. 
- Mamááá. Que me voy a casa de Aurora. Que me va a llamar Carlos. 
Carmencita me da la manos y cierra la puerta sin esperar una respuesta de su madre. Ahora es ella la que lleva prisa pero no me suelta de la mano. Cuando llegamos a casa la puerta está abierta. Yo paso primero sujetando aún su mano y grito:
- Mamáááá. Que ya estamos aquí. 
Mi madre sale desde el salón y le da dos besos a Carmencita. Le dice que Carlos llamará en un ratillo. Que se siente mientras. Yo la llevo al sillón de papá y se lo ofrezco. Le enseño los dibujos que están puestos aún en la televisión y le voy explicando quien es cada uno de los ratones que salen. Carmencita se rie, mira el teléfono de vez en cuando y me hace carantoñas. Cuando suena el teléfono se pone rígida. Mira a mi madre que levanta la cabeza de la costura de unos calcetines y le dice que lo coja ella. Entonces, desde que abrió la puerta de su casa, me suelta la mano. 
Mamá me susurra que baje la voz de la televisión y sale del salón a la cocina pero no cierra la puerta. Bajo un poco el volumen pero sigo escuchando las peleas de Pixi y Dixie. Me siento en el sillón de papá y miro a Carmencita no deja de sonreír. Se ruboriza y le da vueltas al cable del teléfono enredándolo en su dedo. Se gira y mira a la pared mientras dice "yo también". Durante unos minutos a Carmencita se le ha cambiado la voz, la tiene aún mas dulce y parece enfadarse cuando le dice a su novio:
- ¡Cuelga tú que te va a costar un dineral llamar! ... ¡Si! Yo también... Más... Venga, llámame cuando puedas. 
Y cuando por fin dice adios al auricular la sonrisa perenne le ha cambiado a mueca y tiene los ojos brillantes. Se los restriega cuando mi madre sale de la cocina y le da las gracias tres o cuatro veces seguidas. Mi madre le pregunta como está y ella habla de ese soldado Carlos, que tardará en venir al menos un mes y o dos. Quizá unos días en feria si tiene permiso, dice esperanzada. Vuelve a darle las gracias a mi madre se justifica que ha salido a la carrera con la bata de coser para volver a casa pronto. 
La acompaño a la puerta y acachándose me da dos besos antes de cerrar la puerta. 
Yo pienso que el tal Carlos no tiene nada que hacer cuando vuelva de la mili. Que Carmencita será mi novia mas tarde o mas temprano.  

Antonio Escohotado.


- ¿Se recuperará alguna vez nuestra sociedad de esta herida tan profunda?
- Por ahora es solo un rasguño. Tengamos respeto por la inmensidad de personas puestas en tesituras realmente atroces. 

Extraído de una entrevista a Antonio Escohotado.
En El Día de Córdoba.