Antes, cuando me mandaban a la mierda, cuando las cosas se torcían, cuando las frustraciones crecían... terminaba doliéndome la vida.
¡Ya no! Ahora me duele la rodilla, el hombro o el estómago, a veces, si hay resaca de por medio, la cabeza. Pero la vida no, la vida ya no duele. ¡Está sanísima!
Bubo dixit.