30/8/11

Despedida

Lo había decidido: A las doce en punto se quitaría la vida. Primero escribiría una carta, una aclaración, una reprimenda al mundo, un epílogo a su vida que imaginó como el manual perfecto para los futuros suicidas. Después se asearía y así, impoluto, desaparecería del mundo atiborrado de pastillas. Las tomaría dos minutos antes de las doce, el tiempo justo para que, dormido en cama, lo encontraran y pudieran certificar la hora de su salida del mundo.
Cogió un folio en blanco y se sentó en la mesa para comenzar su epístola. Buscó el bolígrafo que le regalaron  la navidad pasada y aún no había estrenado. Lo dejaría junto el folio con sus últimas palabras. Pero el bolígrafo no escribía. Después de intentar varias veces emborronar el papel solo consiguió mancharse los dedos. Buscó otro bolígrafo en su cartera pero había prestado los dos últimos y en casa no logró encontrar ni si quiera un BIC. ¡La pluma! Pensó. En algún cajón de su mesilla había una pluma. No la había usado desde hacía años. Comenzó la carta, no estaba acostumbrado y manchaba el papel una y otra vez, además se emociono y una lágrima al caer dejo perdido el medio folio que llevaba escrito. Esto no puede ser verdad, se dijo. Cuando comprobó como había quedado su misiva se enfadó. La arrugó y la rajó en mil pedazos. ¿Y el ordenador? No le gustaba. ¿Como iba uno a suicidarse dejando una carta en un ordenador? Pero recordó la máquina de escribir. La bajó del armario y después de desempolvarla le colocó papel. Aún conservaba unas buenas pulsaciones y, aunque no miraba el escrito, no le costó comenzar de nuevo. Una falta, dos, tres... ¡No podía ser! Aun tenía que hacer varias cosas antes de las doce y ni quiera había terminado una carta que había pensado varias veces. Colocó otro papel, después destruir el anterior y volvió a empezar. Fue entonces cuando se dio cuenta que la tecla de las tildes no funcionaba. Que por mucho que insistiese no marcaba ni un acento. Se desesperó, tendría que limpiar el piso después de los últimos fracasos. Todos los folios, cuarteados en mil papelitos se desperdigaban por el salón. ¡Ni siquiera se había afeitado! Además la tinta de la pluma también le había manchado la camisa, parte del pantalón. Se acercaba la hora de su muerte y seguía acumulando fracasos. Miró el reloj. Casi las doce. Fue al baño. Buscó las pastillas. Al menos los últimos minutos estaría tranquilo. Cuando abrió la caja se sorprendió. Ninguna. ¿Como era posible? Él se había pasado noches de insomnio guardándolas, esperando acumularlas  para este día. Ahora entendía como su esposa si que dormía a pierna suelta desde hacía semanas.
Las campanas del reloj dieron las doce. Corrió hasta el balcón, tan decidido a saltar que ni siquiera retiró el vidrio para reciclar que había en la terraza. Cuando su cuerpo salía de su casa también su pierna golpeó varias botellas. Ni si quiera se escuchó el grito que lanzaba contra el mundo. Solo algunos vecinos se asomaron cuando escucharon romperse el cristal para ver en el suelo a un borracho que se había caído del balcón.

28/8/11

Pendientes para hoy.

Con los platos recogidos, el café en la mano y el piso perfectamente medio adecentado puedo mirar la ventana. Es casi septiembre y el sol, en frente, llega al segundo piso. Tardará algo más de una hora en pisar la calle. En esa hora yo habré publicado esta entrada, me habré bebido toda la cafetera, volveré a la ducha, no porque el calor me haga sudar, ni por un extremismo higiénico, volveré solo para sentir el agua resbalando. Para masturbarme pensando en ella. En esa hora la música seguirá sonando en casa y la luz la hará más grande.
Guardaré la cámara en la bolsa y buscaré sus llaves. Hoy, antes de trabajar, pasaré por su casa. Me esperan los jazmines, los tulipanes y un limonero que parece que nunca crece. Después el trabajo me tendrá ocupado toda la tarde. 
Estoy cansado, vuelvo a dormir poco si no está. Las lecturas o la juerga me tienen en vela. 
Es domingo, esta tarde/noche vuelven los infantes.
Hoy, antes de volver a ese piso perfectamente medio adecentado,  toca repartir besos.

O quizá pasee por la calle hasta encontrar un garito
y recibirlos de alguna ex-abstemia.  

27/8/11

El afilador.

El soniquete del afilador retumba en su habitación. Después de una noche sin dormir el sol no ha conseguido despertarlo pero ahora se desvela completamente con la musiquilla. Se incorpora en la cama y va hacia la cocina. Coge un cuchillo que hay en una caja de madera encima de el mueble del fregadero. Se dirige a la calle y acercándose al afilador se lo muestra. 
- Este es bueno - le dice el afilador mientras comienza a afilar.- No debería descuidarlo tanto. Parece afilado aunque sucio. Esta herrumbre es de no haberlo limpiado bien. Antes tenía un compañero que pasaba por esta zona, pero nadie sabe nada de él desde hace tiempo y este sábado me he dicho... 
El insomne lo mira con ojos ojerosos, como de no entender. Los párpados parece que se le cierran. Ladea la cabeza, no sabe como hacerle entender que no le interesa la conversación. 
- ... pues voy a hacer la ruta de Eusebio. A ver si sale algo. Y aquí me tiene con mi musiquilla y mi rueda. Haciendo clientes. 
El afilador vuelve a tocar su armónica de plástico y el insomne no consigue disimular la cara de desagrado. Cuando le entrega el cuchillo está impoluto. 
- ¡Corte! ¡Corte! ¡Sin miedo! - Le dice mostrándole la punta de su delantal. 
El insomne entonces lo coge, mira al afilador, y se lo clava en el pecho. Vuelve a su casa. Guarda el cuchillo en la caja de madera, sin limpiarle la sangre, y bajando la persiana se acurruca en su cama.

24/8/11

Aún en cama.

Se ha hecho la enfadada
porque me he levantado a prepararle café.
- ¿Tu ya te lo has bebido? - me ha preguntado con la toalla alrededor.
- No, volveré a la cama.
Después he empezado a leer en el ordenador.
Rock and Gol acaba de dar señales horarias
y la escucho en el baño maquillándose.
Se acerca con su taza,
está completamente vestida,
trae el frescor de la ducha,
el olor de nenuco y en sus labios
el sabor del café.

Tumbada a mi lado curiosea el blog al que comento.
¿De quien es? Me pregunta
mientras su mano sube por mi muslo derecho.
Y le digo que no lo conozco,
que es de un nene de Granada,
pero no se nada más de él.
Que me gusta como escribe.

Ella deja la taza en la mesilla,
se interpone entre el monitor y yo.
Me acerca la boca.
Yo cierro el ordenador y la beso.

¡Que bueno me ha salido el café!

23/8/11

Lunares

Hay que ver, 
el juego que dan 
los lunares de una mujer. 


(Mujer alunarada, mujer afortunada. Refrán que no se si es cierto, pero desde luego el tipo que esté con ella... sin lugar a dudas.)

21/8/11

Rebote de Santa Clara.

- Hombre Clarita, no te pongas así.
- ¿Que no me ponga así? Ni caso, no me han hecho ni puto caso. A ti sí. ¿verdad? Van a tu casa, te hablan, te piden, hasta sms te mandan para que no hiciera el calor insoportable que lleva pegando en España estos días. Es lo único que se ha escuchado en todas las iglesias: ¡Ay por Dios que no nos haga este calor en Cuatro vientos!
- Por eso. ¿Les vas a fastidiar la fiesta? ¡Que me vas a dejar fatal! - le solicita Dios
- ¿A ti que te han pedido? ¿Que no haga calor asfixiante, verdad? Ya se lo has concedido, pero del agua no han dicho ni mú. Así que estos se acuerdan de mi. Tanta gente y ni media docenita de huevos que me traen. ¡Se van a cagar!


Cuestión de confianza.

M-Clan en Toledo

Empezaron en una calle sin luz para hacerle vibrar. Cuando los del metal dieron los primeros acordes para que él se dejase llevar, ella no le permitió cantar la canción. Bastante le había perforado el oído una y otra vez  de Córdoba a Toledo con esa melodía. Con los ojos vidriosos le cogió la camisa, se lo acercó al pecho y le cerro la boca con sus labios. Poco antes de que acabara la canción se despegaron y con las últimas notas, el le dijo al oido, muy bajito, algo así como: prometo que esta vez... voyapronunciarenlatin.


20/8/11

Baño

El mes de agosto, con las neuronas de los políticos ahogándose en la playa, hay pocas maneras de conseguir noticias frescas. 
Y hablar del tiempo, empieza a ser aburrido. 

18/8/11

Toledo y mas allá.

He hecho dos descubrimientos en este viaje.
Uno frente al objetivo,
paisajes, recovecos,
tan parecidos a mi Córdoba
y tan distintos.

El otro,
el que me ha seguido los pasos
por las calles sombreadas,
por conciertos,
por baretos de Mahou y tapas frías,
ha sido tu mirada.

Que consigue que quiera
buscar
mas allá.