14/2/19

Frustraciones presentes, pasadas y futuras.

Yo, a estas horas, ya debería haber dejado de escribir chorradas en este blog. Con algo de suerte hubieses acabado un libro medio decente y empezado otro. Quizá de micros, o de relatos, lo mismo hasta me hubiese dado uno para poesía. ¡Joder! Aunque sea de fotos que debería ser más fácil. Pero no, voy dejando pasar el tiempo. Voy imprimiendo textos que después no corrijo, o corrijo y corrijo una y otra vez y nunca me decido a acabar por cerrarlos. Creo que exceptuando uno que presenté a un concurso, fallido por su puesto, nunca he decidido recopilar la poesía que había por ahí. En algún lugar del piso se encuentran los relatos, por Sevilla anda otro de micros y en algún cajón (¡bah, que coño! Se perfectamente donde están) se encuentran las agendas y servilletas con morralla variada. 
¡Si! Yo a estas alturas ya debería haber publicado algo pero... ¿de que me iba a quejar entonces?

Y así sigo, escribiendo chorradas en el blog y frustrándome día si, día no. 

13/2/19

5/2/19

Llego tarde.


Suena la alarma del móvil. La apago y remoloneo en la cama. Vuelve a sonar otra vez. ¡Coño! ¿Ya han pasado veinte minutos? Las siete y no tengo ni pizca de ganas de levantarme. Me justifico las pocas ganas a que estoy pachucho desde hace unos días. Toso varias veces para justificarme con más contundencia.  Tampoco pasaría nada si llego tarde un día. Hay mucha gente que llega tarde, hay mucha gente que falta al trabajo, yo nunca lo he hecho. Pero hoy… ¡Joder que pocas ganas!
Silvia se levanta antes que yo. Cuando vuelve del baño empieza a vestirse. ¿No te piensas levantar? Me pregunta. ¡No! Le contesto convencido. Y  en menos de un minuto ya tengo las piernas en el suelo. Bueno, si, me he levantado, sin ganas pero voy a tardar lo indecible para llegar a trabajar. Así que tardo en decidir que me voy  a poner. Me ducho con parsimonia y me recreo con el agua. Me visto sin prisas, y recojo algunas cosas para meterlas en la mochila. ¡Si! Sin prisas. Me voy al cuarto a hacer la cama y ponerme las botas pero Silvia se ha adelantado. Ha hecho la cama ella. ¡Sorpresa! Lo peor es que una vez puestas las botas ya estoy para salir a trabajar. Preparo el sobre de Frenadol que me toca por la mañana, espero que los granos se diluyan mientras voy girando la cuchara despacio. ¡Está asqueroso!  Miro el reloj: Las 7:26. ¡Joder! Las siete y veintiseis. Si me voy ahora ya llego lo menos veinte minutos antes. ¡Me voy a prepara un café! Pienso. Lo bebo a sorbitos cortos, lentamente, recreándome en el sabor. En el olor no porque con el resfriado que arrastro no me entero de nada. Silvia recoge su bolso. Me voy, dice., me llevo el coche.  ¿Si? Le pregunto.Entonces llévame. Vale, me contesta, voy cerca. Me coloco la chaqueta y cojo un pañuelo. Silvia entonces me dice que antes tiene que parar para dejar una cosa en su trabajo. Nos coge de camino. ¿Como? Pregunto. Mi idea de llegar tarde es llegar con la hora justa al trabajo, si acaso uno o dos minutos de retraso, pero si ella tienen que pararse se puede hacer que eterno. Y esperar en el coche a que vuelva para llevarme a mi y entrar quince o veinte minutos tarde… ¡No! Eso si que no. Casi mejor que no, le digo. Me voy en bici. Salgo detrás de ti.
Llego al curro. Faltan cinco minutos para que empiece mi turno. Quizá hoy no he podido llegar tarde pero de mañana no pasa.



23/1/19

A las tres.

Siempre aparecen a las tres en punto. NI a las dos, ni a las cuatro, ni siquiera se permiten unos minutos de demora o adelanto. A las tres en punto ellos empiezan a curiosear en mi cabeza. Entran sigilosos, como esos compañeros que esperan asustarte por la espalda y después ríen con una broma. Solo que ellos no reían y yo tampoco. Con sudores y calenturas me despertaba y no podía volver a dormir. Por allí quedaban escondidos, ocultos, esperando que cerrase los ojos para volver a aparecer. Pero hoy no les voy a dar ese gusto. Voy a seguir frente al ordenador, una hora, dos, tres, las que sean necesarias para que llegue el día, para que el sol los ahuyente, al menos, hasta mañana a las tres. 

12/1/19

5 series de 2018.


Mad Men.- ¡Si! Lo sé. Llego tarde. Hay siete temporadas de Mad Men y no voy a descubrir nada nuevo, Seguro que has escuchado hablar de ella, que tiene mas premios que un niño repelente. Pero yo la he visto este último año así que ahora es cuando la recomiendo. Que conste que al principio no me cuadró. La veía machista, estereotipada, casi vulgar, pero después... ¡Es que los personajes son de la década de los 60! ¡Que lo clavan! Lo dicho... Muy buena. Las siete temporadas del tirón.  

Merlí.- Merlí me ha encantado. Un tipo (un poquito imbécil a veces) que va a su bola siendo profesor de filosofía... ¡Genial! Problemas del día a día visto desde un punto filosófico. Sócrates, Kant, Platón, pero no solo los que vienen en el temario de selectividad, también Debord, Judith Butler... cualquira vale para explicar los problemas con los que se enfrentan los adolescentes, y todos nosotros, cualquier día. Lo mejor de Merlí es que te obliga a pensar. 

Fleabag.- Una serie corta, muy corta y con ganas de segunda temporada, pero con una protagonista que se sale y un argumento que, para nada, tiene que ver con la felicidad a la que estamos acostumbrados de series chorra. La protagonista tiene mas problemas que un libro de mates pero ahí va la tía. ¡Con dos cojones! Aguantando chaparrones, marrones y la falta de una amiga a la que dan ganas de hostiar cada vez que recuerda. 

Arde Madrid.- Otra serio corta, de las que te descuidas y ves como si fuese una película larga. Pero intensa, graciosa y original. Los actores se salen, todos. Pero yo, le tengo un cariño especial al general Perón. Me he descojonado con él. 

La Mantis.- Serie de policías y asesinos. Solo que el policía es el hijo de una asesina confesa y tiene que resolver a un imitador de la madre. Esta es de esas series que te encuentras sin pretensiones y empiezas a ver y sabes que has acertado de pleno. Y encima... encima la protagonista es Carole Bouquet. 

Bueno pues estas son mis cinco recomendaciones de el año pasado. Pero además, en este 2018 me ha dado tiempo a ver:

Los 100, The Sinner, Lovesick (3 T.), The End of the F*** world, Devilman, Piaky Blinders (4 T.), Gothan, Mar de plástico, La casa de papel, Insaciable, Jack Ryan, Al servicio de Francia, Indian detective, El principe Draco, The Tick, Maravillosa Sra. Maiselle, Elite, Maniac, La Catedral del Mar, Sabrina, La casa de las flores, Patriot, Wonderlust, La caza, Last Kingdom (2 y 3 T.), Bron (El puente), El combatiente, Amor ocasional, Citas, Hakan - El protector- y El método Kominsky. 



En amarillo las que son recomendables, en rojo las que son muy buenas pero no he metido entre las cinco de arriba. El resto...ahí están algunas mejores y otras reguleras pero si dispones de poco tiempo... empieza por las buenas. 

Por cierto... Márcate un comentario con, al menos, las tres que mas te hayan gustado a ti, aunque estén en la lista. 

9/1/19

5 propósitos para 2019.


1. No comer hojaldrinas encima de la tablet.

2. No jugar con el azúcar glasé.

3. No hacer fotos que puedan malinterpretarse.

4. No dar explicaciones.

5. No publicar tonterías.

7/1/19

A tomar viento.

¿Has venteado alguna vez?
A mi me enseñó mi padre.
Estábamos en casa de la abuela
y traía un montón de garbanzos.
Yo, los garbanzos,
solo los había visto en bolsas de supermercado,
me sorprendí mucho
cuando me enseñaron que venían en vainas,
con sus hojas, y sus “cascarujas”.
Primero las trillamos,
saltando encima y pisoteándolas,
después
hubo que tirarlo todo al aire.
Todo lo que no servía
se lo llevaba el viento.
Eso era “ventear”.
El garbanzo, lo más pesado
se quedaba allí, cerca de donde estábamos,
a nuestro lado.

Fue una tarde divertida,
creo que a partir de ese día el cocido
dejó de ser esa comida repugnante.
El caso es
que a veces
se nos olvida “ventear”.
Nos quedamos con todo alrededor
y así
ni los garbanzos están buenos,
ni vamos a saber diferenciar
lo que queremos de lo que no.

Ahora no es necesario
que sople el viento.
Ni salir a una era.
Ni tener garbanzos.
Cualquier día nos vale.
Aprovecha cualquier claro y
sal a ventear.

¡Quizá empiece a gustarte el cocido!

6/1/19

Hoja de reclamaciones.

Me das una carta para que solicite por escrito lo que quiero, pero luego si te pido la hoja de reclamaciones me dices que no hay. ¿En que pais vivimos? ¡Vaya mierda de Reyes!

27/12/18

...

Cristina arrastraba los pies por el pasillo. La mochila ajustada a los hombros parecía pesar como si llevase media casa en ella. Desde la puerta de una de las habitaciones alguien asomó. 

- ¡Ya era hora! - Gritó una mujer pequeña mientras se ponía las manos en jarras. - ¡Cinco minutos tarde! Yo no tengo por que estar aquí mas tiempo del que me toca en mi turno. 

Cristina llegó a su altura, atravesó la puerta y movió los labios con un saludo que ninguna de las compañeras que estaban cambiándose pareció escuchar. Dejó en el suelo su mochila. La mujer de la puerta la siguió y volvió a gritarle. 

- ¿Pero tú que te crees? ¿Que tengo toda mi vida para esperarte? ¡Todos los días igual! Ni un puto día puedes llegar a tu hora. Y yo, aquí, esperando para poder irme del trabajo. 
- Acaban de dar las dos. No llego tarde. Y sabes que antes venía quince minutos antes, pero me habéis quitado las ganas. 
- Y a mi que me cuentas. Yo llego a mi hora y tú haces lo mismo.- Le gritó mientras la agarraba de un brazo para que se girase.
- Si tanta prisa tienes vete ya y deja de darme por culo. 
- ¡Que yo te estoy dando por culo! Eres tú la que me jodes a mi llegando tarde todos los días. 

Crístina siguió con su rutina al inicio del turno. Se cambió la camiseta que llevaba de los AC/DC por otra gris descolorida y los vaqueros por un pantalón dos tallas mas grandes del mismo tono triste que la camiseta. Mientras, la otra seguía gritando. Cristina se dirigía a la puerta cuando se interpuso su compañera. 

- ¿Me dejas pasar? - Le preguntó.
- ¿Pero que te has creído? Estas jugando con mi tiempo. 

Cristina entonces le puso la mano en la espalda para apartarla. Su reloj se enganchó en la coleta de la compañera y esta dió un traspiés. 

- Aaaaaaahhhh!! - Chilló la mujer mientras se cogía la coleta. 

Se revolvió rápidamente con el brazo levantado y una compañera que miraba ala escena desde uno de los rincones de la habitación le gritó.

- ¡Marga no la toques! Lo he visto. Ha sido una agresión. Se le va a caer el pelo. ¡Será hija de puta! 
- ¡Agresión! ¡Agresión! - Gritaron a coro las compañeras de Cristina como si lo hubiesen ensallado durante días. - ¡Hija de puta! 

Cristina cogió el cubo para empezar su trabajo. Cerro la puerta. Cansada, como si la vida le acabase de echar dos o tres años encima arrastraba los pies por el pasillo. 
Empezaba su turno.