23/1/19

A las tres.

Siempre aparecen a las tres en punto. NI a las dos, ni a las cuatro, ni siquiera se permiten unos minutos de demora o adelanto. A las tres en punto ellos empiezan a curiosear en mi cabeza. Entran sigilosos, como esos compañeros que esperan asustarte por la espalda y después ríen con una broma. Solo que ellos no reían y yo tampoco. Con sudores y calenturas me despertaba y no podía volver a dormir. Por allí quedaban escondidos, ocultos, esperando que cerrase los ojos para volver a aparecer. Pero hoy no les voy a dar ese gusto. Voy a seguir frente al ordenador, una hora, dos, tres, las que sean necesarias para que llegue el día, para que el sol los ahuyente, al menos, hasta mañana a las tres. 

12 comentarios:

  1. Como solución a corto plazo no está mal. A medio o largo deberías pensar en otra estrategia. ¿Por qué no nos los presentas? Bueno, vale, lo pregunto por curiosidad.

    Un beso

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    1. Algún día. Quizá haya alguno por ahí, entre una de esis post a deshoras.

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  2. Y que paso? lo conseguiste? besos.

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  3. Yo también conozco a algunos. Últimamente están viniendo a las cinco. Y suelo usar la misma estrategia que tú.

    Me ha gustado mucho tu forma de expresarlo.

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    1. Mucho mejor hora. Aunque a esa hora llegan y ya me levanto.

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  4. ¿Inyecciones de café?
    Eso acaba con todos los fantasmas.
    Y con el hígado también, pero bueno, algo es algo.

    Saludos,

    J.

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    1. Mucho café, incluso de noche, pero no ha habido nunca problemas por eso.

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  5. Respuestas
    1. Si, me pongo duro, pero me dura un rato. No sirvo para matón.

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