23/3/16

Costalero.

Pone la televisión. Un canal, otro, otro mas. 
- Mierda, mierda, mas mierda. - Va diciendo mientras cambia la pantalla y pulsa el mando. 
Y entonces se para. El televisor le devuelve una imagen conocida. Es una reposición, quizá de hace años.  Mira el mando, la tele, de nuevo el mando. El dedo está en la posición justa para cambiar al siguiente canal, pero no es capaz. No tiene la voluntad de cambiar. Una banda de cornetas se cuela en el salón de la casa y el rostro se le contrae. El Cristo de la Buena Muerte sale a pantalla completa. ¿Cuantas veces le habrá pedido que se lo llevase estando en la cama de aquel hospital? Pero no. No quiso hacerle caso. Y ahora, cuando ya renegó de él se aparece en su casa, con toda la parafernalia. Casi como un ladrón para robarle la voluntad de seguir pasando canales. 
- Tururúúúúú tururúúúúú
Las cornetas siguen sonando en su casa. Se echa sobre la mesa, con el dedo aún la tecla de adelantar canal, 
- Tururúúúúú tururúúúúú
Abre los ojos que empiezan a lagrimear. Apunta con el mando a la televisión. Sigue sin presionar el botón. El Cristo continúa con su andar pausado. Y el recuerda que no hace tanto que estaba bajo sus andas. Con sus piernas, esas que ahora no sabe donde están. 

14/3/16

Modernas.

Tengo una pandilla que se llama ande yo caliente.
Salimos a la calle con zapatillas de paño
a nadie hacemos daño
quizá a alguna pijilla que va de valiente
con la moda como paño.


Esto pasa cuando se escribe en la calle, en servilletas de La Paloma y con pinta de corredor quinqui de los ochenta. Por su puesto con una cerveza, o dos entre la pija que mira mal y los compañeros de tercio.


11/3/16

El artista del tropiezo.

Los artistas en meter la pata tenemos una especie de sino en el que al menos una vez al  año es justo y necesario cagarla, y bien. 
Yo llevo precisamente uno año, poco más, en haber hundido hasta el fango no solo la pierna sino las caderas, el pecho, y el cuello justo hasta la boca.
El caso es que ayer fue un día de esos a los que uno les teme. Había quedado con un antiguo compañero de curro y las salidas conjuntas han sido apoteósicas. Algunas no puedo contarlas por que no las recuerdo, otras porque mi dignidad sufriría un varapalo que, hoy por hoy, prefiero mantener. 
Cuando hablas con alguien y le cuentas que hay un cierto temor a quedar con alguien es difícil que lo entienda. Primero tú vas a ir. ¡Joder es un amigo! Y cuando alguien te llama puedes dar largas un día, tres, pero es imprescindible quedar. Saber de su vida, brindar por los viejos tiempos y si es necesario dar una palmada en la espalda. Pasa que a veces, se recuerdan por los años eternos, los compañeros que no están, los que nunca más van a volver a estar,las novias y quizá aquella chica que tenía las mejores tetas de Córdoba y parte del universo. Se brinda con cerveza, con whisky, con ginebra y si es necesario hasta con chupitos de absenta, que los dos sabemos que nos sienta fatal. 
A la gente, cuando le hablas de una quedada en plan autodestructivo, por que si, por que lo sabes, no entiende que lo hagas. No pueden comprender que quizá esa autodestrucción forme parte de nosotros, que es necesaria para volver a reconstruirnos cada año. Para valorar lo de antes, lo de ahora. Para... para saber que aún nos queda algo de rebeldía, de aquello por lo que lloramos tanto alguna vez y ahora ya ni nos planteamos. 
Los artistas en meter la pata sabemos que hay días en los que hay una gran probabilidad de rompernos la crisma, o de hacer daño a alguien a quien queremos solo por tener esa puta costumbre de mutilarnos de vez cuando. Ayer fue uno de esos días. Y hoy, después de una reivindicación de la amistad, de salir ganador de un campeonato de futbolín y de haber tenido el suficiente coraje para decir que no cuando la insistencia se apoya en tu hombro me pongo a escribir tontería solo porque he retrasado (y espero que durante mucho tiempo) mi metedura de pata. 

2/3/16

El perro de mi vecina.

Al perro de mi vecina no le gusta el último novio que se ha echado. Los viernes por la noche, cuando ella mando a los niños con su padre, el tipo entra en el portal. Aún no ha llegado al primer piso y el chucho ya está ladrando como si fuese Freddy Krueguer el que va a llamar a la puerta. A veces salen a la calle pero otras los dos se quedan en el piso y entonces el pobre bicho ladra como si le fuese la vida en ello. Al tipo se le escuchan monerías para apaciguar al animal pero es imposible callarlo. Entonces ella lo lleva al cuarto, al perro no, al novio, y cierra la puerta. Mientras mi vecina y su novio dan rienda suelta a una semana de trabajo, niños, whatsapp calenturientos a base de polvos, el pobre chucho gime y lastimea delante de la puerta. 
Hace unos días ella me preguntó si me molestaban los ladridos del perro. Le dije que no, pero le pregunté que pasaba los viernes para que el ladrido fuese tan intenso durante varias horas. Fue entonces cuando me enteré de la poca simpatía que tenía con el novio. Le dije que me lo dejase en casa si no iban a salir, que podía estar tranquila y que el Tano y yo nos llevábamos bien. (El Tano es el perro, no el novio.) Después de dos negativas accedió. El viernes por la tarde poco después de dejar a los niños con su padre, me trajo el perro a casa. Comimos pizza, al Tano le gusta mas que las galletas caninas mientras vimos una película porno. Conseguí enseñarle varios trucos esa noche. También escuchamos a MariPili (MariPili es mi vecina) gritar mientras follaba a gusto. 
Ayer fue viernes. Cuando llegó Freddy Krueguer llamó a la puerta de mi vecina y no se escuchaba ningún ladrido. Entró e intentó sus monerías con el Tano. Fue entonces cuando este casi le amputa un dedo. Freddy salió corriendo de casa de MariPili soltando improperios de ella y de su perro. Yo estaba comiendo cuando escuché los gritos. Salí al rellano de la planta y ví al Tano con la boca ensangrentada. Ella lloraba en el sofá. Me acerqué e intenté consolarla. La pizza que llevaba se la di al perro que la engulló en dos bocados mientras movía la cola en plan simpático. El perro vino al sofá y le hizo una carantoña a MariPili, a mi me acercó el hocico y me lamió la mano. MariPili  acarició al Tano. Después llevó la misma mano a mi cara y me sonrió mientras me acariciaba la mejilla. Después me pidió que fuese con ella al cuarto. Yo la seguí. 













Epílogo:


- MariPili... un momento. Voy a cerrar la puerta del piso que se ha quedado abierta. 
En casa, busco las llaves y cojo un trozo de pizza que aún queda en la mesa. Entro en casa de mi vecina y le doy la mitad de la porción al Tano que mueve el rabo. MariPili me espera desnuda en su cuarto.
- Cierra la puerta- -Me pide. 
- No es necesario.- Le digo- Y entonces dejo el otro trozo de pizza en la entrada de la puerta. 
El perro llega al dintel de la puerta, come su pizza y se nos queda mirando. Mueve su rabo. El  Tano es un perro inteligente. Los trucos los coge al vuelo.  

13/2/16

Olvidadizos.



Es un pensamiento fugaz que me cae a la misma vez que el agua de la ducha. La temperatura del agua es buenísima y me relaja el cuerpo y la cabeza mientras cae. Le voy dando forma a ese pensamiento. Tengo que escribir sobre esto, me digo, y la idea cobra forma en mi cabeza. Comas, puntos, párrafos… Todo se va hilvanando. Lo tengo hecho, solo necesito escribirlo. Y es en lo que pienso mientras termino de secarme. Salgo del baño decidido a ponerme delante del ordenador, dejar el borrador al menos. Abro la puerta. Y desde el pasillo suena una voz.
-          Papáááá.
Y aquí estoy dos horas más tarde, intentando recordar que cual era el post que tan bien  conjuntado tenía. O al menos ese pensamiento fugaz que me hizo construirlo bajo la ducha.

12/2/16

Tempraneros.

Llueve.
Un tipo camina rápido. El paraguas casi no lo cubre. Tira de una correa que lleva a un pekinés. El perro olisquea árboles, papeleras, algún rincón, pero el tirón del dueño acaba con el rastro de lo que busca una y otra vez. Vuelve a ponerse a la altura del dueño y de nuevo ese rastro. Otra parada para oler, otro tirón. Por fin llegan a ese campo verde lleno de hojas. Aquí el rastro se pierde. Mucha tierra húmeda para encontrar el olor que busca. El tipo se ha parado. No hay tirón. Espera el serullo del perro. El animal lo mira, como pidiendo un poco de intimidad bajo el agua. El tipo se impacienta. De nuevo otro pequeño tirón, animándolo a que cague. El perro se pone en cuclillas y suelta su cagada. El dueño coge una bolsa. Se acerca a la mierda y la mira. La recoge. Vuelve a tirar del perro y los dos comienzan a andar. Tira el excremento en una papelera. El perro y el dueño caminan rápido. Los dos van a estar encerrados en un habitáculo durante siete u ocho horas. Uno trabajando, otro perezoso, los dos esperando que sus amos los liberen unos minutos.  

8/2/16

El armario.

Muchas camisas. Tres azules.
Tres blancas.
Infinidad de rayas y algunos cuadros.
Varias lisas.
Y tres para la feria, de lunares.
Seis vaqueros, Levis 501.
La mitad rotos. Tres de pinzas
y uno es verde. Verde exesposa.
Que aún no entiendo que hace
en el amario sin quemar.
Tres trajes con sus años
que me siguen estando bien.
Chaquetones, chaquetas,
dos abrigos y varios impermeables.
Una trenka. 
Zapaos, zapatillas y esparto.
También, para sujetar,
perchas de madera y una de plástico
también dos con alambres
que venían de la tintorería.
Cuatro estantes del Ikea,
uno con polos de colores
otro con camisetas sin estilo
en medio calcetines y boxer
y el último con cuadernos requemados.

7/2/16

Dance me to the end of love.

Dance me to your beauty with a burning violin
Dance me through the panic till I'm gathered safely in.



A Leonard Cohen lo aborrecí en una habitación de hospital. Él cantaba "Dance me to the end of love"  mientras espera que alguien saliese de un intento de suicicio. ¡Con lo que me gustaba y dejé de hacerlo! Mucho ajetreo, mucho papeleo tuve esos días. Muchos sentimientos que salieron a pasear y otros que empujaron los cajones mas escondidos de la cómoda y se instalaron en la estantería de la televisión. Viajan rápido los sentimientos porque algunos que ya pensaba que tenía relegados en uno de los confines de la tierra llegó puntual como un AVE matutino. 
Hoy he vuelto a recoger uno de esos sentimientos. Aún pululan por la casa y aparecen sin avisar. Lo atrapo primorosamente, como dicen que se agarran los gorriones o las espadas. Y lo dejo a mi lado para devolverlo a uno de esos rincones de la cómoda, de esos que no saldrán nunca mas, O solo cuando ellos lo vean necesario. Pero antes busco en Spotify una de mis listas de reproducciones que ya no uso. Una en la que Leonard Cohen se repite una y otra vez. Una que me hace bailar hasta el final. 

5/2/16

Candado trianero.

Esta entrada se escribió en 2009. El ayuntamiento de Sevilla limpiaba de candados el Puente de Triana. A mi, la tontería del candado en los puentes, me jode bastante. Pero te vas a dar cuenta en cuanto empieces a leer. Este año se han vuelto a gastar una pasta en otra limpieza. En Córdoba proliferan por toda la Ribera y es que los tontos no solo van a Sevilla.

Un día un chaval señaló un candado que había en el puente de Triana y dijo: es el símbolo de mi amor. Y tenía razón, el candado era el símbolo del amor que le profesaba a su bicicleta. Algún trianero sevillano le había birlado su medio de locomoción y ahora se veía pidiendo las bicis del ayuntamiento. ¡Jodete con los paisanos! El caso es que dos guiris que había por allí lo escucharon y, sin entenderlo todo, se fueron a la primera ferretería, se compraron un candado, que les salía mejor de precio que el anillo de la joyería vecina, y lo colgaron en el puente. Otro símbolo del amor. Lo que pasa que, claro…, esto de Internet es lo que tiene. La pareja se llega a su pueblo en el quinto pino de Suecia o Bélgica y, como no hay bares, se dedican a poner fotografías de su candado en el puente. A decir que se quieren una “jarta mi arma” y que allí se pusieron de pescaito frito hasta el culo mientras se decian “ailoviu” en el puente Triana. Después llegan más guiris y… a mostrarse más amor. Más candados.

Los sevillanos, que más que andaluces parecen americanos, todas estas tonterías les encantan y cuando ven que la proliferación de candados en el puente es más alta de lo normal, tanto chorizo no podemos tener nosotros para robar tantas bicis, leen en una web argentina lo de su puente. (Esto es importante por que los sevillanos no se van a meter en una web holandesa o algo así, y mucho menos traducir lo que pueda poner) El caso es que se ponen también como locos a meterle más hierro al puto puente.

Por fin el ayuntamiento ha tomado cartas en el asunto. A tomar por culo todos los candados. Creo que solo se ha quejado el dueño de la ferretería de Triana, pero bueno… volverá a vender lijas para los quinquis en lugar de candados para guiris. El que quiera jurar amor eterno, en lugar de un candado en Triana, que se meta en una hipoteca compartida por veinticinco años. ¡Eso si que une!

4/2/16

Profesional.

Es el mejor. Cuando mata a alguien se deshace del cadáver minuciosamente sin dejan ninguna prueba. Después acompaña el alma a su destino para que no quede vagando.