Esa burbuja del pecho parece que se mueve.
Y sigues buscando justificaciones tontas:
el mal sueño, el examen del miércoles,
la fiesta del pasado jueves,
la mudanza, la limpieza...
¡No!
Justificaciones tontas.
La burbuja crece poco,
pero lo hace cada día
con cada respiración.
A veces intentas ahogarla,
que pierda aire
como aquellos balones sin usar
que se quedan abombados.
Lo haces al correr.
Y buscas un kilómetro mas.
¡Mas cansado!
Cualquier cosa con tal de que pierda fuelle.
Pero sigue ahí,
alimentándose con cada latido.
Creciendo.
Buscas justificaciones tontas:
La edad, el cansancio,
el imbécil del jefe,
o un trabajo rutinario.
Pero no.
Tú sabes
que solo crece
por tu culpa.