Las leyes son como una telaraña: si algo inofensivo e insignificante cae en una, queda atrapado firmemente; pero si lo que va a parar a ella es grande, rompe su red y escapa.
Anacarsis (sobre 600 a.c).
A veces algo de lo que pasa por la vida se filtra en este blog. Otras veces es la fantasía la que se da una vuelta. El formato corto predomina pero siempre hay excepciones.
Las leyes son como una telaraña: si algo inofensivo e insignificante cae en una, queda atrapado firmemente; pero si lo que va a parar a ella es grande, rompe su red y escapa.
Anacarsis (sobre 600 a.c).
Este año ha sido prolífico en libros. Sobre todo novela gráfica, es lo que tiene apuntarse a un club de lectura de comics, El Percebe 13, y tener a gente muy competente, mucho, que te orientan para otros comics, y guionistas. He leído tanto que algunos ni los he apuntado, se me ha pasado en periódo de vacaciones, no tener el cuaderno cerca, o simplemente empezar otro que me ha llamado mas la atención y me ha hecho olvidarlo. Por que dicen que de todo lo que se lee se aprende algo, de algunos solo se aprende que no tienes que tocarlo mas.
En rojo lo que me ha gustado mucho, en verde las novelas gráficas y subrayado o cursiva los que hay que destacar pero es mas una apuesta personal.
Así que... Esto es lo que ha caído en este último año:
El niño pez, de Lucía Puenzo. El mejor libro del mundo, de Manuel Vila. Todo está roto, de Miguel A. García. Microrrelatos, Premio Manuel J. Pelaez, de Rosa Galisteo. Caín, de Saramago. Fábulas, de R.L. Stevenson. Polvo y Sombras, de Antonio Manzini. El paraguas para volar, Francisco de Paz Tante. Los Surcos del Azar, de Paco Roca. Concurso Relatos Arqueológicos, VVAA. Sentient, de Jeff Lemin. Relatos inquietantes, de M. A. Dominguez. Hagan juego, de Antonio Manzini. Las efímeras, Jeff Lemin. Cosas nuestras, Ilu Ros. Aquí hay dragones, de Álvaro Bermejo. La amiga estupenda, de Elena Ferrat. Los mares del sur, y Los mares del Sur, de Vázquez Montalban. El cuerpo de Cristo, de Bea Lama. Silencio Administrativo, de Sara Mesa. Mónica de Daniel Clowes. Las ninfas, de Francisco Umbral. El cuento de la criada, de Margaret Atwood. La ladrona de huesos, Manel Laureiro. La Santa Compaña, de Lorenzo G. Acevedo. Metafísica de los tubos, de Amèlie Northomb. No mas apuestas, de Antonio Manzini. La Casa, de Paco Roca. Oráculo de Manfredi. Juego de la edad tardía, de Luis Landero. La profecía del malaje, de Julio Muñoz Gijón. La chica silenciosa. La suerte de los idiotas, de Roberto Martínez. Un caballero en Moscú, de Amor Towles. Cuentos eróticos de verano, VVAA. La hierba, de Keum Suk. Flores para Algernon, de Daniel Keyes. El psicoanalista, de John Ketzenbach. Alatriste, Misión en París, de Arturo Pérez Reverte. El Corazón de las Tinieblas, de Josep Conrad. El Gaucho, de Manara y Hugo Pratt. Los Borgia, de Milo Manara. Los ignorantes, de Ètien Davodeou. El Eternauta, de Héctor German Oesterheld. Tucson, Dragones del desierto, de Ferrán Brooks. La Prórroga, de Gibrat. La muy catastrófica visita al Zoo, de Jöel Dickers.
Casi cincuenta entre libros y tebeítos. Muchos mas por que se que hay algunos que no he apuntado, acabo de recordar Estabulario, de Sergi Puertas que me decepciono un poco, con lo que me gusta este tipo y muchos comics que he leído en el teléfono durante el año y no les he dado la importancia que debería. ¡Ah bueno! Y Un año en el gym. Ese me lo he leído un montón de veces y cada vez le saco algún fallo.
Se acaba el año. Se hizo corto desde que empezó. Aunque se ha empeñado en alargarse el muy cabrón. Lleva unos días retorciendo las horas, estirándolas como chiche pasado, sin sabor, ni si quiera con fuerza para hacer globos y hacerlo divertido. Y a mi me tiene harto de este mascar sin encontrar nada. Muy harto, con ganas de escupir el año y sin ganas de mascar otro.
Por fin un día gris.
Un día sin colores. Sin el azul del cielo, sin los verdes limoneros que están cubiertos de niebla. Solo calles grises, y luces de coches que cortan el gris. Ropa gris, trabajo gris, gente gris. Para que llegue ella, y con una sonrisa abra el arcoíris y me joda mi tristeza.
Hay jaleo en el trabajo. Hay follón con el hijo. Hay un malestar general instalado en la casa que ya me cansa. Así que este fin de semana he decidido echar todo eso fuera. No es tan dificil, solo que tienes que pelearte un poco contigo mismo. Empezar a evaluar situaciones, recordar que los problemas de verdad pueden venir sin avisar y que estos que me están rompiendo la crisma y quitando el sueño no le llegan a la altura del talón a otros que supimos afrontar con mas o menos dignidad.
Así que he aprovechado varios días de descanso, después de doce días seguidos con 102 horitas en la estación, ya tocaba. Y entre otras cosas me he hecho el olvidadizo. He olvidado el curro, he olvidado gente y he olvidado que me estaba atacando un runrun en el pecho con pinta de topo gordo. El problema de los olvidadizos es que nos dejamos llevar con rapidez, así que alguno de los viajes programados han salido algo atravesado, pero la aventura es lo que tiene. Mis expectativas eran pocas así que, además de un paseo cordobés por algunos de los triunfos de San Rafael, también me he perdido en el Valle de Alcudia y Sierra Madrona, y he hecho un viaje a Osuna donde no la pisado pero me conocido varios pueblos de la campiña, además de ilusionarme con las perdices de los caminos perdidos.
Hoy toca volver un poco a la rutina. Recordar que hay una pelea en el curro para no ser unos pringados, Devolver un comic a la biblioteca, tomar un café con el infante y recibir uno de esos besos por hacer la comida estupendamente que preludian una siesta mas que decente con final feliz.
Hay jaleo. Siempre lo hay. Lo que tengo que recordar es que no va a poder conmigo. Sobre todo esta mierda de jaleo que no llega ni a bullicio.
Estoy viendo Pepe Carvalho. Murio Eusebio Poncela y volví a buscarla en RTVE. Los episodios retratan los ochenta, esa época que tanto mola en las discotecas ahora. Pero lo que mas me llama la atención son los lugares. En el episodio "El mar, un cristal opaco", Pepe está en Matalascañas. ¡Dios no hay quien lo conozca! Recuerdo alguna serie de Torremolinos, y era como cuando yo veraneaba allí, hace cuarenta años y había chiringuitos con techo de cañizo en vez de gastrobares. Matalascañas nunca la he visto así y estoy convencido de que la mayoría de los que puedan leer esto tampoco. ¿Que coño pasó para cargarnos las playas de esa manera? Bueno... ¡Si! Claro que lo se. El boom urbanístico, el querer tener piso en la ciudad y otro en la playa. (El del pueblo nos lo encontramos cuando murieron nuestros padres y lo vendimos pronto.)
Hace poco estuve viendo Juncal. Ni Sevilla, ni Córdoba, han cambiado tanto como los lugares de playa. Y ya no sé para donde hay que tirar para encontrarme con algo auténtico.
Jode cuando no hay que escribir. Cuando al final, por tu incompetencia, crees que lo que debes hacer es vivir. Que no hay ganas de coger una página en blanco, de pelearse con ella. Por que de lo que no tienes ganas es de tener que pensar en un historia, lo que quieres es vivirla. Ser tú el protagonista. Acostarte con las extras, matar a un secundario, gritar al imbécil de turno. Has puesto parte de tu vida en relatos pero ahora no tienes nada. Nada que contar. Hace tiempo que tú vida es taaan insulsa que ni si quiera te interesa a tí. Por eso necesitas jugartela. Que la emoción de la apuesta te de la vida que necesitas. Aunque pierda todo. Pero... Ya lo perdiste todo una vez. Ya sabes guardar. Ya no apuestas con ceguera. Siempre queda algo en casa. El problema es que ya ni siquiera te va quedando vida. Y tienes que jugartela donde nadie da un duro por ella. A nadie le interesa. Solo a ti, y a tres o cuatro mas a los que vas a desilusionar no solo si pierdes, simplemente con enterarse de que juegas.
Alertagado: Cuando el calor y el sopor te mantienen estático pero esperando algo inminente.
Bubo dixit.