12/9/12

Acabó.

Hay finales que, no por predecibles, son menos sorprendentes.  

10/9/12

Dársena 22

EAC: Como todos los años, hoy, los niños y sus daemonions se han perdido en la dársena 22.

9/9/12

Potomaníaco.

La Potomanía o polidipsia psicogéncia es el deseo de beber grandes cantidades de líquidos, como resultado de una enfermedad mental. 

Y yo que pensaba que solo eramos unos borrachos.

8/9/12

Madrugada de Fuensanta.

Salgo con la bicicleta y mientras me coloco el reflectante en el pantalón veo como uno de mis vecinos intenta abrir el portal de al lado. Le saludo y el hace el mismo gesto mecánico con la mano izquierda. En la derecha tiene un manojo de llaves al que sigue prestando toda su atención. Al parecer no da con la que le franquee la entrada.
- ¿Qué, Manuel...? ¿Celebrando la Fuensanta? ¿Te ayudo?
- NoooNooo. Si ya...- Dice mientras se concentra sus ojos achinados en la cerradura y vuelve a probar con una de las llaves.
Por fin consigue encajarla y abrir. Apoyando su cuerpo en la puerta hace que esta se deslice.
- ¿Ves? ¿Ves? - Sonríe triunfal cuando entra en el portal.- Buenas noches.
- Hasta luego Manuel. Buenos días.
- Si, si... Eso.

6/9/12

...

- En serio cariño. Esa chica no eras tú. 
- Pero si eso mismo me lo dijiste el otro día. La misma postura, las misma palabras, la misma forma de tocarme. 
- Bueno, quizá recordé lo bien que lo pasamos el otro día y empecé a escribir sin darme cuenta pero... ¡lo cambie todo! Al personaje le puse un tipo espectacular, el pelo sedoso, lacio, pelirrojo, unos ojos verdes preciosos, un pecho duro de adolescente, una piernas...
-¡Hijo de puta! ¡Te estás follando a otra! 

5/9/12

Ícaro

de Maria Luisa Urtiaga.

La verdad... esta entrada no se a que viene. He encontrado la fotografía entre algunas que me mandó Luisa Urtiaga, de uno de sus viajes. Siempre me gustó Ícaro. Un tipo que quiere escapa de su prisión como si fuese un juego y una vez libre no puede evitar llenarse de esa libertad, de subir más y más, de perderse, aún avisado, por culpa del Sol.
Ícaro fue desprendiendo alas a medida que subía hasta su paraiso, sin llegar a él, o quizá cuando estaba a punto de alcanzarlo se desplomó al mar.

3/9/12

La búsqueda.

El tipo la sienta entre sus piernas. Ella le muerde el labio mientras el pelo le oculta la cara. Las tetas pegadas a la camisa blanca de él. Muy pegadas. Hasta que comienza a mover la mano. La palma abierta manosea su culo. Ella da un saltito, casi imperceptible, en las piernas de él que consigue introducir su mano debajo. Su dedo índice es la frontera entre los cachetes que aprietan el pantalón de ella. 
Los demás solo miramos, animamos la búsqueda de ese dedo. Ansiamos ser la uña del índice que, viendo las contorsiones de la chica, acaba de encontrar su lugar en el mundo. 

2/9/12

...

Siempre hay un día en que todo vuelve a empezar. Solo unas horas para prepararte, solo un rato por que hay que volver a luchar.
Y te levantas de la cama buscando la armadura en el ropero.

Bajo mínimos.

La luz entra tímida alumbrando esperadoras.

Pero no me ilumina a mi. 
No me esperan a mi. 

1/9/12

Castaños de Ojén.

Hace tres años escribí esto:


Para subir al cielo, como nos dijeron los curas, el camino es tortuoso. Una cuesta detrás de otra, acantilados a los lados, y cipreses en los bordes apuntando a Dios. El camino hacia el cielo tiene pocas señales, el gps no funciona y olvídate de la cobertura, yo he tenido suerte, a mi me han llevado de copiloto.
Cuando llegas al cielo Pedro, el recepcionista, te da una llave de las de antes, nada de tarjeta electrónica, una llave con un colgante antiolvidadizos. En mi caso es imprescindible por que suelo bañarme con las tarjetas electrónicas y olvidar nada más dármelo el número de la habitación. El cielo, al contrario de lo que siempre había pensado no es azul. El cielo es verde y tiene castaños y abetos, pinos y un montón de árboles que, de no haber faltado tanto a clases de ciencias, sabría decirte lo que son. Pero todos son verdes menos en otoño, que al parecer alguno coge otra tonalidad para darle más color y luz. En la terraza del cielo las cervezas no están fresquita, allí están congeladas y por su puesto, son de San Miguel. Puedes encontrarte todo tipo de bichos, incluso alguna avispa, más que nada para recordarte que ni siquiera el cielo es perfecto. La piscina del cielo tiene delfines que juegan contigo y solo la compartes con una pareja de alemanes, gente muy formal que te saluda con un “Hojla” y se despiden con un “Adiojs", ni siquiera hacen ruido cuando se tiran al agua de cabeza. Allí el sol se pone un poco antes que en cualquier sitio, los árboles y las montañas lo esconden, pero después vuelve a salir, solo un momento, como si se hubiese olvidado el beso de despedida y entonces no vuelves a verlo hasta la mañana, dejándonos aún un rato de luz. Los caminos que están alrededor del cielo son senderos amplios donde los pájaros te saludan y te dan los buenos días. Algún inconsciente con bula es capaz de ponerse a jugar al tenis, por que allí también tienen pista, pero lo habitual es pasear por los caminos del señor buscando un zorro, o algún búho que, despistado, no se haya acostado aún.



Se refería a una zona de Ojén. Un sitio al que me llevó una persona muy especial, que me lleno de paz, de tranquilidad, (lo necesitaba por aquel tiempo como agua de mayo) además de insuflarme vida como no le he conocido a nadie. 
Ahora, estos días de incendio no he podido evitar recordar lo feliz que fui entre esos árboles, en un lugar rodeado de castaños y donde un delfín nos daba los buenos días. Ahora, no puedo evitar pensar que esos testigos mudos se han quemado.