Se me ha escapado un “tequiero” en la habitación. Pensé que con el sueño, la oscuridad, nadie lo notaría. Pero volaba bajo y ha sido imposible ocultarlo, se ha posado en la estantería, en la mesilla, se ha balanceado en la lámpara, toda la puta noche volando de un lado a otro y lo peor, ha cantado junto a la almohada. He abierto la ventana pero no se decide a salir. Sigue en el cuarto, recordándome que lo dejé escapar.