15/3/18

708



Hemos compartido diez días. Los dos con padres enfermos, con el mismo nombre, con el mismo tratamiento, los cuatro en una habitación de hospital. Ayer, después de una noche eterna con la cortina corrida el médico vino para certificar una defunción. Mi vecino de sillón lloraba. Quise acercarme a decirle lo siento. Pero no podía. Al contrario, me alegraba. Su enfermo había muerto, porque vivir, lo que se dice vivir llevaba ya varios meses que no lo hacía. Entradas y salidas de hospital, urgencias,  y un solo paisaje: el techo blanco de la habitación 708. Sin ganas de descubrir, sin ganas de conocer, sin ganas de vivir. ¿Como iba a decirle que lo siento cuando lo que sentía era envidia? 
Me acerqué a él y le puse la mano en el hombro. Le hice una mueca. Aún no se si conseguí que fuera la que él necesitaba. Él asintio y salió de la habitación. Su padre seguí allí, muerto. Yo, mientras. daba un yogurt de fresa con pastillas machacadas al mío. Ellos se fueron. Nosotros también. Dicen que tenemos el alta. Quizá un mes, quizá mas, quizá mañana haya que volver a la habitación setecientos ocho que ayer quedó despejada. 

16 comentarios:

  1. muy bien reflejado ese sentimiento.
    es muy duro cuando tenés gente en ese estado, pero no por eso menos real...
    saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, es durillo. Le voy a preparar un café para el mal trago.

      Eliminar
  2. Seguimos insistiendo con aferrarnos a la vida por miedo a quedarnos realmente sólo y no a la muerte en sí.

    Saludos y mucha suerte,

    J.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que a la vida nos aferramos, llegado un momento, por costumbre mas que por miedo a los cambios.

      Eliminar
  3. Llegados a situaciones terminales como esa que tan bien describes, habría que saber cuántos se "aferran" y a cuántos les gustaría que los dejasen ya en paz.

    En fin, suerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que a la mayoría se decantarían por la segunda opción.

      Eliminar
  4. ES un texto muy conmovedor y tan real que hasta duele.
    Mucha calma y mucha suerte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Doctor. Si no duele... si que molesta.

      Eliminar
  5. yo pasé lo más grande con mi padre, no es para envidiar.... ufffff
    un besote

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. NIña... nos llega la primavera y ya mismo el verano. Pensamiento positivo.

      Eliminar
  6. Maravilloso como pintas el dolor profundo de perder cuando la muerte se lleva al que sufre desde su alma
    No sabes como te entiendo Lo he pasado .Abrazos desde lo lejos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es muy triste. NOs quedaremos con lo que se aprende.

      Eliminar
  7. Después de demasiado tiempo sin pasar por aquí, entro con un optimismo top y me encuentro esto. Un gran texto, Buho, una manera sutil de tratar el dolor y la desesperanza. Muy duro, pero muy bueno.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tengo que empezar a escribir algo mas optimista. Ultimamente me cuesta y ¡que coño! Se supone que hay de todo.
      Gracias. Esta vez necesitaba escribir mas que comer. Que tampoco es que lo haga con frecuencia.

      Eliminar
  8. Ánimo, colega, que todo se pasa. Te lo digo por experiencia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo sé, lo sé. Por eso, incluso en los momentos mas chungos siempre hay luz, y hasta risas.
      Los momemtos malos enseñan mucho, con este aprendo mas, pero el título ya lo tenía.

      Eliminar

¿Qué me dices?