21/9/14

Dolencia crónica.

Siempre pensé que mi dolencia crónica sería el hígado. Con cuarenta años, y si me apuran algo antes, yo debía tener un hígado de esos que ponen de ejemplo los abstemios y echas la cerveza a un lado pidiendo un nestea sin azúcar. Estaba convencido que mis pulmones no serían rosas, aunque nunca llegarían a carbonizados, que mi corazón perezoso llevaría, mas mal que bien, un ritmo constante,  acelerado de vez en cuando por las caderas de alguna mujer, pero el hígado... ¡Ese caía! 
Me equivoqué. No quiero decir con eso que mi hígado sea un cromo para fotografiar y poner al lado de los órganos bien cuidados, ¡no!. Lo que pasa es que mi dolencia crónica se hace mas evidente por otros lados. A mi lo que verdaderamente me duele, lo que hace que respire mal, que los pulmones no carguen el aire como deberían, lo que hace que las neuronas se entretengan y vayan al pie cuando deberían ir a la mano con el consiguiente retraso, lo que hace que el estómago parezca un fuelle de herrero soplando y estirando a altas temperaturas... no es el hígado. 

A mi, lo que me duele de verdad todos los días... ¡Es el hijo! 

5 comentarios:

  1. esos nos van a doler y mucho.....
    el mío llegó llorando por una niña el otro día y se me partió el alma.... y hoy sin embargo lo quería matar al ver su dormitorio....
    en fin... ya no hay vuelta atrás Bubo

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    1. Por eso es crónico. Este tipo de dolencias o te acostumbras y las sobrellevas o tienes muchos disgustos. (Como los que me llevo últimamente.)

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  2. Jo! Y esos no se pueden trasplantar no?

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    1. ¡Como que no hay donante que lo lleve sano!

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  3. uuuffff tengo la inspiración fatal...ni siquiera sé qué comentar a esto

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