4/2/14

Días de colores.

Cristina pinta los días de su calendario. 
A veces son rojos y brillantes. Son días en los que está guapísima. Días de alegría, de sol, de nieve o de lluvia. Días en que alguien la hace feliz, en los que ella hace felices a los demás. 
A veces son verdes. Días de esperar, de esperanza, de ver crecer lo que Cristina ama. Día en los que las cosas, la rutina se hace dueña para buscar un significado a lo que quiere encontrar. 
Pocos veces los pinta de gris. Nunca le vi más de dos seguidos. Cristina no se dejaría llevar por el gris. Es un  color precioso para vestir pero no para sentir, dice ella. Y entonces, antes de que ocurre eso, un tercer día gris pinta, el siguiente de color azul. Cuando sus días son azules... ¡son días de luz! Da igual que haya sol, nieve, o lluvia. Son días en los que ella busca su azul. Y el azul está en el cielo, en el mar, o solo en sus gafas de sol. El azul es un color para sentir. Y ella lo deja todo para que la recubra el azul, para no olvidar, para recordar lo que es, lo que quiere, para recordarse que el blues es más que un color.  
Cristina, a veces, también se enfada y pinta esquinas de sus días en amarillo. Una vez llegó a pintar casi medio día de ese color. Nunca el día entero, no se lo permitiría. 
Cristina pinta los días de su calendario. 
Al menos eso hacia cuando vivíamos juntos, cuando nos emborrachábamos y la ciudad se ponía a sus pies. Cuando la casa se llenaba de amantes y libros, de risas, de limpiezas a la carrera y visitas de padres preocupados. De botellas con más luz que las fotografías que pululaban por casa. 

Cristina pintaba los días de su calendario. Ahora no. Ya no lo hace. Hoy he ido a su casa, su marido no estaba y los niños recogidos en la escuela. En su cocina un calendario grande marcaba números rojos, negros, el veintiocho en gris pero ninguno pintado de color. Ningún día coloreado. Cuando le he preguntado me ha dicho que ahora todos los días tienen el mismo color. Que no tiene azules, ni verdes, que ni siquiera se enfada de amarillo y el rojo solo lo ve en semáforos. Que en su vida está perdiendo todos los tonos. 

Hoy le he regalado uno de mis días azules, quizá el cielo no acompañaba, ni el mar que sigue sin verse en Córdoba, ni el río que baja enlodado, pero solo era necesario cambiar los cristales de las gafas de sol. Solo buscar en las tabernas de hace años un rincón azul, entrar en un portal con vidrieras multicolor, abrazarla bajo un paraguas robado... Hoy tocaba un día azul y cuando se ha marchado le he regalado mis lápices de colores, y una promesa que no voy a poder cumplir. Hoy ella se lleva mis colores pero le quitado uno para marcar mi día de hoy. Su azul, por mi gris.

16 comentarios:

  1. q bonito fran, hacía mucho q no te leía tan bien....
    yo debería también comprarme una caja nueva de colores, la mía hace mucho que la he gastado...

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    1. Puede que los días a veces se parezcan tanto unos a otros que no sabemos verle el color. Pero es solo cuestión de buscarlo, de mirar un poco hacía dentro y definir que día tenemos, o cual queremos. Si no nos damos tiempo para mirarnos a nosotros va a ser difícil que podamos mirar a los demás.

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    1. Pues nada Sistersoul... ¡A pintar!

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    2. voy a tener que desenterrar los lápices de colores, aunque siempre me gustaron más los plastidecor...eran más fáciles de borrar

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    3. pues los rojos o azules, cuando encima lo resaltas con rotulador... ¡esos son geniales!

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  3. ¡Colores siempre,! me he traído unos fluorescentes de Medina Azahara que me van a servir en este día churretoso,eran para niños...pero bueno ,"GONITO"RELATO por cierto.

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    1. Me encantan los fluorescentes. ¡Dan tanto brillo! A ver si conseguimos pintar un solazo en el cielo. Mola más el de verdad pero si conseguimos conformarnos con ese y sonreir... ¡Bendito sea!

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  4. Pues a mí me lleva inevitablemente a cantar lso delinquentes y "los días de colores en la plazuela, fumando flores, soy un bohemio de la vida que yo no tengo nada que ver, con lo los bigotes señoriales que se pasean por Jerez, que yo no tengo obligaciones y yo no tengo más que ver, en los charquitos de la plaza cuando termina de llover".

    Yo es que pinto regular, pero intento no tener muchos mierda de días seguidos, que luego me dan nervios, ganas de vomitar y hasta me quedo encerrada en casa, ah no que eso era antes.

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    1. Un día gris lo tiene cualquiera, quizá dure algo más y sean dos o tres. Tener más es un signo de inmadurez.No podemos permitirnos tantos días chungos. Tenemos que buscar ser felices.

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  5. hala qué bonito! y qué buena idea ir pintando los días así cuando tienes uno gris y te parece todo mal y que llevas sufriendo la vida entera, miras el calendario y te acuerdas de los azules y rojos y se te pasa.
    Preciosa la entrada, Bubo.

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    1. Los azules se hacen imprescindibles en la vida.

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  6. Me gusta la idea, me da pena Cristina. Si pienso cómo pintaría mis días, creo que serían arco iris todos, en si mismos, en cada casilla. Con Grises tb, eso sí. Vivir en un caos emocional por problemas prestados es muy mierder.
    Pero tu texto es boniiiiiiiiiiito.
    Besos y plastidecors!

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    1. A mi me gustan mucho los días verdes. Esos que solo suman, la rutina. Cuando tus días pasan del rojo al gris, al amarillo, al azul, ese arcoiris en una semana es cuando nuestra cabeza está en orto sitio, las emociones a flor de piel, y los problemas, sobre todo los que te llegan sin buscarlos, a la orden del día. Ese arcoiris de días fue el que hizo que me gusten tanto los días verdes.

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  7. La vida a veces se impone rutinaria, monocromática, y la dejamos hacer olvidando que en nuestras manos está el poder de ponerle color. No es nada fácil. Menos mal que al menos nos da amigos para dibujarnos una sonrisa e inyectarnos esperanza.
    Bello texto, bello mensaje y bella historia

    Hoy, un beso

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    1. La rutina mola. Eso si, siempre es más divertido un poquito de color.

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