Nos cambiamos los corazones
yo usaba el suyo
grande, caliente, con el ritmo acelerado.
Ella se acostrumbró al mío
y durante días paseamos,
nos amamos y lloramos
con un corazón prestado.
Pero en la prisa por vivir,
por evitar la despedida,
olvidamos volver a cambiarlos.
Ella se fué.
Ahora mi corazón,
el suyo,
la echa de menos y se empeña
en volver.
Y corre para encontrarla.
Dice que, a ella, le pasa lo mismo.
Que su corazón,
el mío,
coge la carretera de Córdoba
y, hasta que la cabeza
no lo obliga a parar,
mantiene apretado el acelerador.
Hemos quedado para volver a
cambiarlos.
Habrá que esperar.
Pero cuando nos encontremos
ninguno querrá cambiar.
Y volveremos a caminar de la mano,
a hacer el amor,
a llorar y a reir.
Olvidando que tenemos
un corazón prestado.