Antes, cuando me mandaban a la mierda, cuando las cosas se torcían, cuando las frustraciones crecían... terminaba doliéndome la vida.
¡Ya no! Ahora me duele la rodilla, el hombro o el estómago, a veces, si hay resaca de por medio, la cabeza. Pero la vida no, la vida ya no duele. ¡Está sanísima!
Bubo dixit.
Ole tú!!!
ResponderEliminarMejor si el infortunio pasa muuuy lejos.
ResponderEliminarLa vida se acostumbra a nosotros, nosotros a ella no.
ResponderEliminarSaludos,
J.