18/9/26

 ¡Qué pena!

Que pena que nos dé miedo

abrazarnos.

Que pena que los besos 

se queden

en la mesa del bar. 

Que no haya huevos 

de repartirlos 

como hacíamos ayer. 

Disparandolos a discreción. 

Que pena que nos saludemos 

como socios 

y olvidemos que fuimos amantes. 

Que nos consumíamos en cada abrazo, 

en cada beso, 

en ese intercambio químico 

que aún nos sorprendía 

por su energía y sencillez.

2 comentarios:

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